Un boleto aéreo y unas pocas horas de vuelo son suficientes para que un insecto y el parásito microscópico que transporta crucen el océano y se establezcan en un nuevo continente. Esta realidad subraya la vulnerabilidad de la salud pública global frente a patógenos que no reconocen pasaportes ni fronteras geográficas. Ante este escenario, la doctora Alicia Ponte-Sucre, presidenta de la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales de Venezuela (Acfiman), advierte que la humanidad corre el riesgo de perder la carrera contra estos microorganismos si no se establece una sinergia inmediata entre la ciencia, la política y la educación ambiental.
En un artículo publicado recientemente en la revista Frontiers in Chemistry, la académica plantea que el diseño de medicamentos mediante computadoras es insuficiente si el parásito evoluciona más rápido de lo que el tratamiento llega a los hospitales. Ponte-Sucre describe su revisión como un llamado de atención urgente para todas las entidades involucradas en la producción de fármacos más seguros, eficientes, accesibles y mejor tolerados para combatir las enfermedades causadas por la familia Trypanosomatidae.
El estudio se enfoca en los desafíos epidemiológicos y farmacológicos de tres patologías principales: la tripanosomiasis (que engloba la enfermedad del sueño y la enfermedad de Chagas) y la leishmaniasis. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el diagnóstico y el tratamiento de estas condiciones son complejos y pueden resultar mortales si no se atienden a tiempo.
La doctora Ponte-Sucre, profesora titular jubilada de la Facultad de Medicina de la Universidad Central de Venezuela (UCV), señala una brecha crítica en el desarrollo de medicamentos. La gran mayoría de los pacientes residen en regiones endémicas y son tratados con terapias sistémicas, ya sean intravenosas o intramusculares, basadas en fármacos diseñados hace décadas. Estos medicamentos suelen ser extremadamente tóxicos, costosos y dolorosos en el punto de administración, lo que compromete la adherencia al tratamiento y el seguimiento clínico, aumentando así el fracaso terapéutico y la aparición de resistencia a los fármacos.
Sobre el uso de la tecnología, la investigadora reconoce el valor de la química computacional para simular interacciones entre moléculas y proteínas, acelerando el descubrimiento de fármacos. Sin embargo, advierte que los datos in silico (diseñados en computadora) sin una contraparte en la vida real pueden generar más dificultades que ventajas. Para ella, los estudios in vitro (laboratorio) e in vivo (animales) son pasos esenciales antes de llegar a los estudios clínicos en seres humanos, garantizando que el medicamento erradique la enfermedad con una toxicidad mínima.
Ante la falta de un modelo animal ideal que replique exactamente estas patologías, la doctora Ponte-Sucre sugiere el uso de enfoques traslacionales emergentes que incorporen modelos de lenguaje de gran tamaño (LLM), como sistemas de inteligencia artificial avanzada. No obstante, recalca que estos deben servir como apoyo y no como sustituto del modelo animal, el cual debe ser perfeccionado mediante la retroalimentación de hallazgos clínicos no predichos.
El artículo también aborda la dimensión social, especialmente los prejuicios hacia quienes padecen leishmaniasis cutánea. Debido a que las lesiones suelen aparecer en zonas visibles como la nariz, boca, ojos u oídos, los pacientes enfrentan estigmas estéticos que afectan su bienestar emocional. La autora enfatiza la necesidad de que educadores, científicos y autoridades enseñen que esta enfermedad es curable, prevenible, no se contagia de persona a persona, no es producto de la falta de higiene ni está asociada estrictamente a la pobreza.
Desde una perspectiva integral, el estudio se alinea con el enfoque de "Una sola salud" de la OMS, que interrelaciona la salud humana, animal y de los ecosistemas. Ponte-Sucre propone integrar la cosmovisión de los pueblos indígenas de América Latina, quienes históricamente han mantenido una relación armónica con la naturaleza y han utilizado una "farmacia faunística" basada en animales y plantas. Advierte que procesos como la agricultura insostenible han incrementado los riesgos sanitarios, y que el entorno natural ha influido profundamente en la cultura e historia de estas comunidades.
Finalmente, la presidenta de la Acfiman destaca que la migración voluntaria y forzada, el desplazamiento por violencia, el comercio y el turismo son causas principales de la dispersión de estos parásitos. Para combatir este problema, apuesta por un cambio de paradigma donde las enfermedades desatendidas se analicen no solo desde su origen microbiológico, sino también desde su contexto socioeconómico. Como ejemplo positivo, cita la Iniciativa Medicamentos para Enfermedades Desatendidas (DNDi), que logra que la industria farmacéutica, la academia y organizaciones de solidaridad colaboren con un objetivo común: la salud global.
En términos técnicos, el artículo detalla que la tripanosomiasis africana (enfermedad del sueño) es causada por el género Trypanosoma y transmitida por la mosca tsetsé. Por su parte, la tripanosomiasis americana (Chagas) es causada por el Trypanosoma cruzi, transmitida principalmente por insectos triatominos a través de heces u orina, aunque también puede darse por vía congénita, transfusiones o alimentos contaminados. Por último, la leishmaniasis, transmitida por flebótomos hembra, se manifiesta en formas cutánea, mucosa y visceral, siendo esta última la más grave y frecuentemente mortal sin tratamiento.


