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José Sacristán se despide del cine tras siete décadas de trayectoria artística

El ilustre actor español confirmó al mismo tiempo que seguirá activo, dedicándose ahora con exclusividad al teatro - LA NACION

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José Sacristán se despide del cine tras siete décadas de trayectoria artística
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José Sacristán se despide definitivamente de la pantalla grande tras siete décadas de una trayectoria legendaria. El emblemático actor anunció su retiro durante el programa La revuelta, confesando que ya no disfruta de las exigencias del rodaje ni desea volver a madrugar, priorizando la tranquilidad de su hogar y su bienestar personal sobre las cámaras. A sus 88 años, Sacristán deja un legado imborrable que transitó desde las comedias del franquismo hasta convertirse en la voz y el rostro de la transición española con éxitos como Asignatura pendiente. Su compromiso político y su versatilidad lo consagraron como una figura imprescindible del cine hispanohablante, extendiendo su impacto incluso hasta Argentina. Aunque cierra su etapa cinematográfica, el artista mantiene intacta su pasión por las tablas. Sacristán seguirá activo en el teatro con la obra El hijo de la cómica hasta 2027, mientras disfruta de su tiempo libre y el regreso a sus raíces en Chinchón.

José Sacristán, una de las figuras más emblemáticas y respetadas del cine hispanohablante de los últimos cincuenta años, ha anunciado su decisión de retirarse definitivamente de la pantalla grande. Tras haber dedicado 70 de sus 88 años de vida a la actuación cinematográfica, el actor ha confirmado que cierra esta etapa de su carrera, aunque ha dejado claro que no se trata de una falta de vitalidad ni de problemas de salud. Por el contrario, Sacristán mantiene la lucidez necesaria para continuar con su actividad en el teatro, disciplina que seguirá ejerciendo.

La noticia fue confirmada durante su participación en el programa televisivo "La revuelta", donde el actor, conocido por su ingenio, locuacidad y su característica voz de barítono, sorprendió al público con su determinación. Al justificar su decisión, Sacristán fue tajante al señalar que ya no dispone del tiempo necesario para las exigencias del rodaje y manifestó su deseo de no tener que madrugar más. Esta postura ya se había vislumbrado en 2021, poco antes de recibir el Premio Nacional de Cinematografía, cuando afirmó que no aceptaría guiones que implicaran rodajes nocturnos en exteriores, priorizando la tranquilidad de su hogar a la hora de cenar. En aquel momento, el actor ya advertía que no deseaba llegar al "patetismo" de querer morir con las botas puestas, asegurando que seguiría trabajando solo mientras se divirtiera, algo que, según sus palabras, ya no sucede con el cine y la televisión.

Nacido el 27 de septiembre de 1937 en Chinchón, Madrid, en plena Guerra Civil Española, Sacristán creció en un entorno de humildad. Recuerda que, aunque eran pobres, no eran miserables, y destaca el esfuerzo de su madre y su abuela para combatir el hambre. Un episodio marcó profundamente su infancia y su concepción de la libertad: las visitas a la cárcel de Ocaña para ver a su padre, quien estuvo encerrado por sus ideas políticas. Hijo de madre republicana y padre comunista, Sacristán siempre ha mantenido su identidad como artista de izquierda, llegando a declarar ante el rey Juan Carlos I que su nombre fue elegido en honor a José Díaz Ramos, el primer secretario general del Partido Comunista español.

Su trayectoria profesional comenzó en un contexto contradictorio con su ideología. En sus inicios, al igual que otros actores de su generación, tuvo que participar en las llamadas "españoladas" del régimen franquista para ganarse la vida. Debutó en 1965 con la comedia "La familia y algo más" en un papel breve. Durante un tiempo, se consolidó interpretando papeles cómicos, aprovechando su nariz prominente y una imagen alejada del galán convencional, trabajando junto a figuras como Paco Martínez Soria y Alfredo Landa.

Sin embargo, el verdadero despliegue de su talento llegó con la transición democrática. En 1977, se reveló plenamente en "Asignatura pendiente", ópera prima de José Luis Garci, donde interpretó a un hombre que se reencuentra con un antiguo amor durante los últimos años de la dictadura. El éxito fue masivo y lo consagró como un actor completo. Al año siguiente, en "Solos en la madrugada", personificó a un locutor en medio de una crisis personal y política, consolidando una voz inconfundible y admirada no solo en España, sino también en Argentina.

Sacristán no temió asumir desafíos complejos, como en "Un hombre llamado Flor de Otoño" (1978), donde interpretó a un abogado travesti, o en "El diputado" (1979), dando vida a un legislador de izquierda homosexual. Su filmografía es extensa y abarca éxitos como "La vaquilla", "El viaje a ninguna parte" y "El vuelo de la paloma", además de haber dirigido "Cara de acelga" y "Yo me bajo en la próxima, ¿y usted?". Asimismo, tuvo un papel fundamental en la creación de la Academia del Cine de España en 1985.

Su vínculo con el cine argentino fue notable, destacando su trabajo con Adolfo Aristarain en "Un lugar en el mundo" (1992), donde interpretó al geólogo anarquista Hans, y en "Roma" (2004). Tras el fallecimiento de Aristarain en abril pasado, Sacristán lo describió como uno de los mejores directores a escala universal por su mirada profunda y humana.

Actualmente, el actor se centra en el teatro con la obra "El hijo de la cómica", que recorrerá España y otros países hasta 2027. Para Sacristán, el teatro es sinónimo de estar vivo. Respecto a la muerte, mantiene una visión pragmática, afirmando que sería idiota no pensar en el final a su edad, aunque evita que esa obsesión lo paralice, prefiriendo dedicar sus días al trabajo, la música y el cine, aunque sea ahora únicamente como espectador. Ahora, con más tiempo libre, planea regresar con más frecuencia a su pueblo natal, Chinchón, donde disfruta de sus paisajes, sus famosos ajos y el honor de tener una calle que lleva su nombre.

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