Llegó el momento más esperado para millones de aficionados al fútbol en todo el mundo. La selección brasileña hace hoy su debut oficial en la Copa del Mundo 2026, enfrentándose en un duelo decisivo contra la selección de Marruecos. El encuentro, programado para iniciar a las 19:00 horas, pone bajo la lupa el trabajo táctico de Carlo Ancelotti, quien lidera el banquillo del equipo brasileño en busca de un nuevo trofeo mundialista.
Como es tradición en los grandes torneos internacionales, el inicio del partido estará precedido por una solenidad protocolaria donde se ejecutarán los himnos oficiales de ambas naciones. Este momento, cargado de emotividad y patriotismo, invita a reflexionar sobre la identidad nacional y, específicamente, sobre la compleja y fascinante historia que dio origen al Himno Nacional Brasileño.
De acuerdo con el profesor e historiador Luiz Antônio Simas, el himno de Brasil no fue una creación única y simultánea, sino que nació en etapas separadas por varias décadas. Un dato curioso que destaca Simas es que la obra fue fruto de una dupla de creadores que nunca llegó a conocerse personalmente: Francisco Manuel da Silva, responsable de la melodía, y Joaquim Osório Duque Estrada, autor de la letra.
La música, que hoy identifica a la "Canarinha" y a todo el pueblo brasileño, fue compuesta mucho antes que los versos. La melodía fue creada en 1831 por el maestro Francisco Manuel da Silva, un talentoso músico nacido en Río de Janeiro que se desempeñó como violoncelista y violinista. El propósito original de esta pieza musical era celebrar un momento político clave: la abdicación de Don Pedro I y la consecuente nacionalización de la monarquía bajo el mando de Pedro II.
La primera ejecución de este tema tuvo lugar el 13 de abril de 1831, razón por la cual dicha fecha se mantiene hasta la actualidad como el Día del Himno Nacional Brasileño. La trayectoria de Manuel da Silva fue prominente en la escena cultural de su época; en 1833 fundó la Sociedad de Beneficencia Musical y, para el año 1841, fue nombrado mestre-compositor de la Cámara Imperial.
Con la llegada de la Proclamación de la República, el gobierno intentó renovar los símbolos patrios. Se convocó un concurso público con el objetivo de sustituir el himno vigente. Sin embargo, la melodía de Francisco Manuel da Silva ya se había popularizado tanto entre la ciudadanía que cualquier intento de reemplazo resultó inviable. Finalmente, la partitura original fue declarada oficialmente como el himno nacional el 20 de enero de 1890.
No obstante, la melodía permaneció sin una letra oficial durante largo tiempo. Fue recién en 1909 cuando Joaquim Osório Duque Estrada escribió los versos que hoy acompañan la música. El gobierno brasileño adquirió la autoría de la letra por un valor de cinco contos de réis. Duque Estrada, nacido en Vassouras, Río de Janeiro, fue una figura destacada de las letras brasileñas, desempeñándose como escritor, poeta y miembro de la Academia Brasileña de Letras.
La unión definitiva y la oficialización de la versión actual, que integra la melodía de 1831 con la letra de 1909, ocurrió el 6 de septiembre de 1922, coincidiendo con las celebraciones del centenario de la Independencia de Brasil.
La letra del himno es un poema que exalta la geografía y el espíritu del país, comenzando con los icónicos versos: "Ouviram do Ipiranga às margens plácidas / De um povo heróico o brado retumbante", haciendo referencia al grito de libertad. El texto describe a Brasil como un "gigante pela própria natureza" y un "impávido colosso", resaltando la esperanza, el amor a la tierra y la valentía de sus hijos, quienes "não foge à luta" cuando se trata de defender la justicia.
Mientras la selección de Ancelotti se prepara para saltar al campo en Nueva Jersey, la ejecución del himno no será solo un requisito del protocolo FIFA, sino la resonancia de una historia que tomó casi un siglo en completarse, uniendo la música del imperio con la poesía de la república.


