Lejos de la pompa habitual de Windsor, la familia real británica se ha reunido este sábado en el pequeño pueblo de Kemble, en los Cotswolds, para celebrar la boda de Peter Phillips y Harriet Sperling.
En una ceremonia estrictamente familiar, la novia lució un diseño de Emilia Wickstead y una tiara cedida por la firma Pragnell. Esta joya, de estilo eduardiano y art déco con motivos de hojas de laurel, destaca por su historia, habiendo estado presente en las coronaciones de Jorge VI e Isabel II.
El evento también reflejó las actuales fracturas de la casa Windsor. Mientras que los reyes Carlos y Camilla, los príncipes de Gales y la princesa Ana arroparon a los novios, las ausencias fueron notables. El príncipe Harry y Meghan Markle no viajaron desde California, y el expríncipe Andrés y Sarah Ferguson permanecieron apartados del encuentro. No obstante, las princesas Beatriz y Eugenia sí asistieron junto a sus esposos, marcando su primera aparición pública tras el arresto de su padre.
Tanto Peter Phillips, de 48 años, como Harriet Sperling se casan en segundas nupcias. Phillips, quien se dedica al marketing de la Fórmula 1 y los deportes, no posee título real por decisión de su madre, la princesa Ana. Por su parte, Sperling es enfermera de pediatría en el servicio público de salud británico.
La ceremonia religiosa fue seguida por una celebración en Gatcombe Park, la finca familiar en Gloucestershire, donde la princesa Ana recibió a los invitados. Un enlace que, aunque sencillo en formato, reunió a los núcleos más cercanos de la monarquía británica en un entorno privado.
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