¿Tres días para desmoronar 30 años de esfuerzos diplomáticos? Así se describe la actual crisis entre México y Estados Unidos, que pone en riesgo la estabilidad de una relación económica interdependiente.
Todo comenzó con un discurso de la presidenta Claudia Sheinbaum, quien afirmó que "México no es piñata de nadie". Desde el Monumento a la Revolución, la mandataria rechazó cualquier intervención externa en asuntos internos, cuestionando si las solicitudes de extradición y acusaciones contra funcionarios mexicanos tienen motivaciones políticas relacionadas con las elecciones estadounidenses de 2026 y las intermedias mexicanas de 2027.
Sheinbaum convocó a movilizaciones ciudadanas bajo el lema "la patria no se vende", dejando claro que no permitirá presiones externas ni extradiciones de personajes cercanos a Morena y al expresidente López Obrador, aun a riesgo de comprometer la relación con su socio comercial más importante.
La tensión escaló al tercer día con una filtración en Los Ángeles Times: a los gobernadores de Sonora y Tamaulipas les habrían retirado la visa por presuntos vínculos con el crimen organizado. Ante esto, Andrés Manuel López Obrador publicó un documento desde Palenque donde respalda a Sheinbaum, pero también envía un mensaje a los funcionarios y "desvisados": Morena los protegerá y no deben cooperar con las autoridades estadounidenses. El expresidente exoneró a la presidenta, culpando a los asesores de Donald Trump por el deterioro del vínculo.
El análisis es contundente: Sheinbaum se encuentra en un "jaque mate". Si coopera con Trump en seguridad y extradiciones, será vista como traidora a su movimiento. Si mantiene el enfrentamiento, la viabilidad de su gobierno peligra debido a la profunda integración económica entre ambos países. En este escenario, el espacio de maniobra para la presidenta se ha reducido drásticamente.
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