Hasta el pasado 1 de junio, la percepción predominante entre diversos analistas políticos sugería que la administración de José Antonio Kast presentaba debilidades estructurales en su narrativa comunicacional. Según estas evaluaciones, el gobierno no solo carecía de un relato claro para transmitir sus acciones, sino que también parecía no poseer un proyecto político reconocible que guiara su gestión a largo plazo. En aquel entonces, la definición de "gobierno de emergencia" era la noción más recurrente, aunque se consideraba insuficiente para establecer un horizonte normativo que pudiera trascender la coyuntura inmediata y ofrecer una visión de Estado.
Sin embargo, el reciente discurso presidencial ha obligado a matizar estas impresiones iniciales. A través de sus palabras, el mandatario ha comenzado a delinear una idea de país específica que va mucho más allá de la implementación de medidas concretas o reactivas. Si bien el gobierno ha centrado gran parte de sus esfuerzos en enfrentar problemáticas urgentes como la delincuencia, el estancamiento económico y la migración irregular, el discurso marca una transición hacia una propuesta con un centro de gravedad definido: el orden, la familia y la autoridad.
Un elemento clave de esta nueva dirección son las referencias explícitas a figuras fundamentales de la historia política chilena, tales como Diego Portales, Andrés Bello y Manuel Montt. El análisis de estas alusiones sugiere que no se trata de menciones casuales, sino de un vínculo con una tradición política donde el orden y la autoridad fueron prioridades absolutas, incluso en contextos donde esto implicó restringir libertades civiles y políticas. Aunque el gobierno actual no busca replicar estos modelos de manera literal, sí parece adoptar una premisa fundamental que ha sido recurrente en el discurso del Presidente: la idea de que el orden es la condición indispensable para la existencia de la libertad.
Esta sentencia, "sin orden no hay libertad", representa una inversión significativa respecto a las corrientes del liberalismo moderno. Mientras que el liberalismo contemporáneo generalmente concibe la libertad como un límite al ejercicio del poder estatal, la visión planteada por el Presidente Kast invierte el énfasis, situando al orden no como un obstáculo, sino como la condición de posibilidad para que la libertad pueda ejercerse.
Más allá de la seguridad pública y el control de la delincuencia, el proyecto gubernamental parece promover una concepción moral específica de la sociedad. El Presidente ha hecho hincapié en la necesidad de fortalecer la familia, aunque no ha precisado si esta visión incluye la diversidad de estructuras familiares o si se limita estrictamente al modelo matrimonial y heterosexual. Lo relevante, desde el punto de vista analítico, es que la familia ya no es presentada únicamente como una realidad privada o un núcleo de afecto, sino como el núcleo moral del país. Bajo esta lógica, la sociedad sería considerada virtuosa en la medida en que logre replicar en el espacio público los valores propios del ámbito doméstico.
Es importante precisar que este proyecto no implica un rechazo explícito a la economía de mercado ni a la democracia, espacios donde la libertad sigue expresándose. No obstante, se observa un desplazamiento evidente en los énfasis políticos: el enfoque se mueve desde la primacía de los derechos hacia la importancia de los deberes, desde la autonomía del individuo hacia las comunidades de pertenencia y desde una neutralidad moral del Estado hacia la promoción de valores que se consideran compartidos.
En conclusión, el proyecto de Kast podría definirse no necesariamente como "iliberal" —ya que no impugna abiertamente las reglas democráticas— sino como una forma de posliberalismo. Se trata de una derecha que, manteniendo la democracia y el mercado, está dispuesta a relativizar el papel central que la libertad individual y el liberalismo han desempeñado en las últimas décadas, marcando una distancia clara con la línea política seguida por gobiernos anteriores, como el de Sebastián Piñera, cuyos enfoques parecen haber sido olvidados por la centroderecha actual.


