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A 15 años de la ceniza: El recuerdo de la movilización comunitaria que transformó Bariloche

Vanesa Vicente era en 2011 una de las referentes de la Red Solidaria. Fue una de las organizadoras de la jornada de limpieza. "Fue impresionante", recordó.

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A 15 años de la ceniza: El recuerdo de la movilización comunitaria que transformó Bariloche
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A quince años de la erupción del volcán Puyehue-Cordón Caulle, Bariloche recuerda el 4 de junio de 2011 como el día en que un cielo apocalíptico y la ceniza paralizaron la ciudad. El caos inicial, marcado por cortes de energía y comunicaciones, se transformó rápidamente en una de las mayores demostraciones de solidaridad en la historia de la comunidad. Bajo la coordinación de Vanesa Vicente y la Red Solidaria, más de 10.000 vecinos se movilizaron en jornadas de limpieza masivas, priorizando las zonas urbanas pavimentadas mediante un esfuerzo multisectorial. Esta acción, mantenida al margen de intereses políticos, dejó un legado imborrable de unidad social y la certeza de que la cooperación colectiva puede superar cualquier catástrofe natural.

El 4 de junio de 2011 permanece como una fecha grabada profundamente en la memoria colectiva de los habitantes de Bariloche. Aquel día, la erupción del complejo volcánico Puyehue-Cordón Caulle alteró la vida cotidiana de la ciudad, cubriendo el paisaje de cenizas, interrumpiendo la prestación de servicios esenciales y sumergiendo a la comunidad en un estado de profunda incertidumbre. Quince años después, los recuerdos de aquel episodio emergen no solo como el relato de una catástrofe natural, sino como el testimonio de una respuesta social coordinada y solidaria.

Vanesa Vicente, quien en aquel momento se desempeñaba como referente de la Red Solidaria local y fue una de las impulsoras de las históricas jornadas de limpieza que movilizaron a miles de personas, compartió sus vivencias en el programa "Chocolate por la Noticia" de El Cordillerano Radio 93.7. Según relató Vicente, el inicio del evento fue marcado por la sorpresa absoluta, ya que no existieron preanuncios que permitieran a la población prepararse para la magnitud de lo que estaba por ocurrir.

La descripción de los primeros instantes es vívida y perturbadora. Vicente recuerda que el cielo se tornó negro de manera repentina, transformando un día esplendoroso en una escena que calificó como lo más apocalíptico que haya visto en su vida. El testimonio describe la sensación de asomar las manos por las ventanas para descubrir que lo que caía sobre los techos no era agua ni nieve, sino unas piedritas muy livianas que se acumulaban rápidamente.

A medida que transcurrían las horas, la sorpresa inicial fue reemplazada por el desconcierto y la angustia. La situación se volvió caótica debido a los cortes de energía eléctrica y las graves dificultades en las comunicaciones, factores que agravaron la crisis. En ese contexto, se generó una atmósfera de desesperación donde muchas personas intentaban localizar a familiares que no habían regresado a sus hogares o que se encontraban transitando por la ruta en medio de fuertes vientos.

Sin embargo, frente a la crisis, comenzó a gestarse una de las mayores demostraciones de solidaridad comunitaria que haya registrado la ciudad. Vanesa Vicente y su esposo, ambos con una trayectoria dedicada al trabajo social, asumieron un rol fundamental en la articulación de los esfuerzos colectivos. Su objetivo fue organizar las jornadas de limpieza que, según las estimaciones, lograron reunir a más de 10.000 vecinos y vecinas.

Vicente explicó que, si bien existía una voluntad generalizada de ayudar, era imperativo ordenar y coordinar esa buena intención para que el esfuerzo humano fuera realmente efectivo. Uno de los puntos más críticos durante la organización fueron los debates sobre las prioridades de limpieza. Mientras algunos sectores sugerían priorizar zonas con fines turísticos, el criterio defendido por la organización social era estrictamente técnico y ambiental: se argumentaba que la ceniza depositada sobre la tierra termina integrándose al ecosistema, mientras que sobre el asfalto representaba un problema mayor. Por ello, se insistió en que el trabajo se concentrara en las zonas urbanas pavimentadas.

El resultado de esta movilización fue, según Vicente, impresionante. La respuesta no se limitó únicamente a quienes utilizaron palas y escobas; se trató de un esfuerzo multisectorial. Empresas de transporte pusieron camiones a disposición para el traslado de residuos, proveedores suministraron baños químicos y diversos centros de salud garantizaron la atención médica para cualquier persona que lo requiriera. Esta red de apoyo demostró un compromiso comunitario extraordinario donde cada institución y vecino aportó lo que estaba a su alcance.

Un aspecto fundamental de la gestión de estas jornadas fue la decisión deliberada de mantener la iniciativa desligada de cualquier protagonismo político, sindical o empresarial. Vicente subrayó que se requirió de mucha diplomacia e inteligencia para asegurar que el centro de la acción fuera la comunidad y no sectores particulares, dado que el objetivo de limpieza era demasiado importante como para ser condicionado.

A quince años de distancia, Vanesa Vicente reflexiona que aquellas jornadas representaron una de las expresiones más genuinas de unidad social en Bariloche. Para la referente, ver a 10.000 personas trabajando juntas confirmó que los objetivos y sueños de los ciudadanos suelen ser más similares de lo que parecen. La experiencia dejó como aprendizaje que, cuando una comunidad logra unirse detrás de un objetivo común, los resultados son extraordinarios.

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