Tensión máxima en Newark, Nueva Jersey. El alcalde Ras J. Baraka ha impuesto un toque de queda nocturno tras intensos disturbios frente a Delaney Hall, un centro de detención de ICE.
La situación escaló luego de que manifestantes y fuerzas del orden chocaran violentamente. Reportes y videos muestran el uso de gas lacrimógeno, incendios de neumáticos en la calle y la intervención de equipos SWAT y policías montados. El toque de queda, vigente de 9 de la noche a 6 de la mañana, busca proteger la seguridad pública ante la creciente agresividad en la zona.
El origen del conflicto son las denuncias de condiciones inhumanas dentro de la instalación. Abogados de los detenidos reportan comida en mal estado —específicamente la presencia de gusanos— y falta de atención médica adecuada. Incluso se informó sobre una huelga de hambre, aunque el Departamento de Seguridad Nacional ha negado estos hechos.
Desde el gobierno, las posturas están divididas. Mientras el secretario de Seguridad Nacional, Markwayne Mullin, minimiza las quejas calificándolas como "preferencias étnicas" alimentarias, el líder de la minoría de la Cámara, Hakeem Jeffries, y el representante Rob Menendez, afirman haber constatado personalmente la falta de higiene y salud en el centro.
En medio de este caos, la gobernadora Mikie Sherrill logró que el DHS restaurara las visitas familiares. Además, para "bajar la temperatura", la Policía Estatal ha asumido la seguridad exterior, sustituyendo a los agentes de ICE en la zona inmediata para reducir posibles provocaciones.
Con varios arrestos y la amenaza de desplazar agentes aeroportuarios para reforzar la seguridad, la tensión persiste en Nueva Jersey mientras se exige un trato digno para los detenidos y el cierre de Delaney Hall.
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