La emergencia en Venezuela comienza a cambiar de fase tras los dobles terremotos del 24 de junio. La presidenta encargada, Delcy Rodríguez, informó que ninguno de los fallecidos será llevado a fosas comunes, asegurando que los cuerpos serán entregados a sus respectivas familias para su sepultura.
Rodríguez enfatizó que la prioridad absoluta del Gobierno sigue siendo proteger la vida de los sobrevivientes y atender a las familias que permanecen en campamentos transitorios, buscando garantizarles un lugar seguro.
Sin embargo, en la zona cero, que abarca La Guaira y Caracas, la situación es crítica. Aunque las labores de búsqueda y rescate continúan activas, los especialistas advierten que la ventana de oportunidad se está cerrando. Sebastián Mocarquer, encargado de búsqueda y rescate de las Naciones Unidas, explicó que la mayor cantidad de rescates ocurre en los primeros tres días; posteriormente, hay una ventana entre el tercer y séptimo día donde la probabilidad de éxito baja significativamente. Según Mocarquer, después de siete días, los hallazgos se consideran ya rescates milagrosos.
El drama es palpable en Catia La Mar, específicamente entre los escombros del edificio El Pelícano. Allí, las familias ya no solo buscan sobrevivientes, sino que luchan por recuperar los cuerpos de sus seres queridos, denunciando que la respuesta ha sido lenta y, en muchos casos, insuficiente.
Hasta el momento, las cifras oficiales ubican el número de muertos en 2.595 personas. No obstante, la falta de una estimación clara sobre la cantidad de desaparecidos ha generado cuestionamientos por parte de diversas organizaciones y observadores.
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