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Delfina Brea: el camino al número uno del mundo entre sacrificios, terapia y pasión

La argentina nacida en Buenos Aires emigró a España detrás de un propósito. Eligió no ir al viaje de egresados, se perdió cumpleaños, fiestas, viajes para llegar a ser quien hoy es: la mejor jugadora de pádel del mundo. “No perseguía un sueño económico, perseguía una pasión”, cuenta en una entrevista íntima en la que habla, también, de sus inicios, de la explosión del deporte en el país y de sus desafíos

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Delfina Brea: el camino al número uno del mundo entre sacrificios, terapia y pasión
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Delfina Brea, la actual número uno del mundo en pádel, vivió un regreso emotivo a Argentina durante el Premier Pádel en Parque Roca. Tras años de esfuerzo, la jugadora celebró su éxito ante su público, reflexionando sobre una trayectoria marcada por la pasión, la superación personal y la resiliencia. El camino a la cima fue sacrificado. Desde su mudanza a España a los 17 años, Brea enfrentó precariedades económicas y renunció a gran parte de su adolescencia para profesionalizarse. Para sostenerse en la élite, ha integrado la terapia psicológica como un pilar fundamental para gestionar la frustración y el síndrome del impostor. Actualmente, la deportista prioriza el sueño de ganar el Mundial en Doha con la Selección Argentina por encima de mantener su ranking. Con una mirada crítica sobre la brecha de visibilidad en el pádel femenino, Brea busca ahora equilibrar su éxito profesional con sus aspiraciones personales.

Delfina Brea, la actual número uno del mundo en pádel, regresó a Argentina para participar en el Premier Pádel disputado en Parque Roca, un certamen donde no solo fue protagonista en la cancha, sino que recibió una ovación que aún procesa. Para la jugadora, este torneo representó un encuentro emocional con su público, su familia y sus amigos, describiéndolo como una experiencia única que desea guardar "en una cajita". Sin embargo, detrás de la cima del ranking se esconde una trayectoria marcada por el esfuerzo, la incertidumbre y renuncias significativas.

El vínculo de Brea con el pádel es prácticamente hereditario; sus padres se conocieron a través de este deporte y ella comenzó a jugar entre los 11 y 12 años en el club de su padre, en Parque Chacabuco. A los 15 años, surgió la posibilidad de viajar a España para probar su nivel en el circuito profesional, donde se concentraba la élite mundial. A los 17 años, tomó la decisión definitiva de instalarse en dicho país junto a sus padres, en una apuesta que en aquel entonces no garantizaba estabilidad económica.

La jugadora recordó que sus inicios en Europa estuvieron lejos del lujo. Proveniente de una familia de clase media, Brea enfrentó dificultades económicas, viajando en un auto barato y compitiendo en torneos donde el objetivo era ganar apenas 100 euros para poder seguir costeando su carrera. "Yo no perseguía un sueño económico, perseguía una pasión", explicó. Este camino al éxito implicó sacrificios personales profundos durante su adolescencia, incluyendo la renuncia a cumpleaños, fiestas y el viaje de egresados, decisión que tomó para cumplir con su compañera y el calendario competitivo.

Un punto de inflexión en su carrera ocurrió en 2019, cuando recibió un llamado inesperado para reemplazar a una de las mejores jugadoras del circuito que se había lesionado. Esta oportunidad le permitió experimentar la presión de los partidos importantes y confirmar que tenía el nivel necesario para sostenerse en la élite. Poco después, enfrentó la dificultad de la pandemia, pasando tres meses encerrada en Madrid, sostenida por los ahorros que había logrado juntar previamente.

El ascenso al número uno del mundo se concretó matemáticamente durante el Major de Acapulco en México. Brea relató que, mientras observaba el partido de sus rivales directas, se enteró de que habían perdido, lo que la posicionaba a ella y a su compañera en la cima del ranking anual. A pesar de este logro, la deportista confesó que todavía lidia con el "síndrome del impostor", un sentimiento que aparece y desaparece, pero que intenta gestionar a través de la simplicidad y la pasión por lo que hace.

En cuanto a su evolución profesional, Brea abordó la compleja transición de separarse deportivamente de Bea González, con quien formó la exitosa pareja conocida como las "Superpibas". Aunque describió la decisión como dura, afirmó que era una necesidad personal para renovarse y obtener "oxígeno". Actualmente, ha encontrado una gran sintonía con Gemma Triay, compañera con la que alcanzó el puesto más alto del mundo.

La salud mental ha sido un pilar fundamental en su carrera. Desde 2019, Brea asiste a terapia, herramienta que define como fundamental para ordenar prioridades y manejar la frustración. "Prepararse para perder es mucho más difícil que prepararse para ganar", aseguró, remarcando que la capacidad de soportar las derrotas es esencial para alcanzar el éxito. Su rutina diaria es exigente: entrena unas cuatro horas y media entre pádel y preparación física, complementado con seguimiento de kinesiólogos, fisioterapeutas y psicólogos.

Respecto al estado actual del pádel femenino, Brea señaló que, si bien la brecha de premios no es tan amplia como en otros deportes, persiste una diferencia en cuanto a visibilidad y sponsors individuales, ya que los horarios de los partidos masculinos suelen otorgar mayor exposición. No obstante, valoró el crecimiento del deporte en Argentina y el nivel de organización de torneos como el de Parque Roca, los cuales sirven de motivación para las nuevas generaciones de jugadoras.

Mirando hacia el futuro, la jugadora expresó su ilusión por representar a la Selección Argentina en el Mundial que se disputará en noviembre en Doha, Qatar. Para Brea, ganar el Mundial con su país es hoy una prioridad incluso por encima de mantener el número uno. En el plano personal, aspira a formar una familia y equilibrar su carrera profesional con una vida personal feliz, reconociendo que, en este aspecto, los deportistas masculinos cuentan con una ventaja biológica al no atravesar un embarazo.

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