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Entre el placer y la dependencia: testimonios reales sobre la batalla contra el tabaco

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Entre el placer y la dependencia: testimonios reales sobre la batalla contra el tabaco

El hábito de fumar suele ser asociado, por quienes lo practican, con conceptos como el placer, la relajación y la ausencia de estrés. Sin embargo, detrás de este supuesto "bienestar emocional" que describe el camino de la adicción, se esconden profundas alteraciones en la salud y en el modo de vida de las personas. A través de diversos testimonios, es posible analizar la dualidad entre la gratificación inmediata del cigarrillo y las secuelas físicas y psicológicas que deja a su paso.

Para algunos, el camino comienza con la curiosidad adolescente. Soley, de 37 años, recuerda que desde pequeño sentía atracción por el olor de las cajas de cigarros sin encender. En su mente, fumar representaba una transición hacia la madurez y lo hacía sentir más adulto. Comenzó a fumar a los 16 años y hoy se describe como un fumador activo y altamente dependiente. Soley admite que nunca ha logrado pasar más de una semana sin fumar; sus intentos han sido en vano. La dependencia ha llegado a niveles críticos, confesando que ha fumado colillas en la madrugada o ha salido a buscarlas a altas horas de la noche sin temor alguno. A pesar de reconocerse como un "ignorante" que disfruta del placer del tabaco, advierte que lo mejor es no empezar, ya que una vez que el vicio domina, la persona comienza a buscar excusas para seguir siendo su esclava.

La normalización del consumo en entornos educativos y familiares también juega un papel determinante. Sonia, de 62 años, inició el hábito a los 13 años como un juego, convirtiéndose en vicio a los 17 debido a que creía que eso la hacía lucir interesante. Relata que, durante su etapa preuniversitaria en el campo, el tabaco estaba permitido incluso en presencia de los profesores, lo que transformó una acción prohibida en algo normal. Además, imitaba a su hermana mayor fumando a escondidas. Tras 45 años de consumo, Sonia ha experimentado daños graves en su sistema circulatorio. Recuerda con angustia una ocasión en la que, mientras estaba en el mercado, sintió un dolor tan intenso en las piernas que no podía caminar, sintiendo que la sangre no circulaba por esa zona, situación que la llevó a llorar en plena calle y solicitar auxilio. Actualmente, Sonia libra una batalla personal y lleva cinco días sin fumar.

En el ámbito masculino, Andy, de 32 años, comenzó a fumar a los 17 durante su servicio militar. En las guardias obligatorias, el cigarrillo era la herramienta de relajación común entre sus compañeros. A lo largo de 15 años de hábito, Andy ha notado una disminución evidente en su capacidad pulmonar: mientras que antes podía sostener la respiración por 2 minutos y 30 segundos, hoy no llega a los 2 minutos. También menciona que experimentó falta de aire y cansancio facilidad al probar cigarros electrónicos. Además, señala que el tabaco afectó su salud bucal, obligándolo a acudir regularmente al dentista por la aparición de caries, algo que jamás había sucedido antes de fumar.

No obstante, existen historias de superación que sirven de inspiración. Rene, de 62 años, comenzó a fumar a los 21 por influencia de sus amigos. Sin embargo, tomó la decisión drástica de abandonar el vicio hace 26 años, motivado por el diagnóstico de cáncer de mama de su esposa, consciente de que el tabaco es una de las causas principales de dicha enfermedad. A pesar de haber dejado el cigarrillo, Rene padece rinosinositis alérgica, una enfermedad crónica que lo hace depender de gotas nasales para respirar. Para él, lo que antes consideraba la acción más relajante del mundo es ahora un vicio dañino y sin sentido.

De manera similar, Annia, de 55 años, dejó de fumar hace 25 años. Inició a los 15 por diversión con amigas de secundaria y el tabaco se convirtió en su compañero constante para concentrarse y relajarse. El punto de inflexión ocurrió durante el embarazo de su primer hijo; al lograr detener el vicio durante esos meses, comprendió que podía vivir sin él. Desde entonces, Annia ha recuperado su salud, desapareciendo la tos diaria y recuperando la sensibilidad hacia los olores, especialmente el del tabaco, que antes no percibía. Ella enfatiza que es posible dejar la adicción si se tiene claro el "por qué" se desea hacerlo.

Este panorama de lucha personal se enmarca en una iniciativa global. La Organización Mundial de la Salud, a través de la Asamblea Mundial de la Salud, designó el 31 de mayo como el Día Mundial Sin Tabaco (DMST) desde 1989. Esta fecha busca recordar los perjuicios que el tabaco acarrea para la sociedad, alentar a los fumadores a abandonar el hábito e incrementar el conocimiento público sobre su impacto en la salud, promoviendo entornos libres de humo en lugares de trabajo y medios de comunicación.

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