SpaceX quiere llevar la inteligencia artificial al espacio, pero se enfrenta a un obstáculo crítico en la Tierra: la escasez de chips. Según un documento presentado ante la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos, la empresa de Elon Musk admite que sus planes de construir centros de datos orbitales están condicionados por la falta de unidades de procesamiento gráfico o GPUs.
El Formulario S-1 revela que SpaceX adquiere sus GPUs mediante órdenes de compra individuales, sin contratos a largo plazo que aseguren el suministro. Esta situación deja a la compañía vulnerable ante tensiones geopolíticas o desastres naturales. Además, SpaceX compite con grandes compradores que ya han comprometido 145 mil millones de dólares en chips de IA, lo que coloca a la empresa en una posición subordinada en la fila de espera.
La compañía es clara: para lograr una IA orbital a gran escala, necesita un volumen de chips muy superior al que tiene disponible actualmente. Para intentar solucionar este cuello de botella, SpaceX, en colaboración con Tesla y xAI, anunció el desarrollo de TeraFab, una planta de semiconductores en Texas que utilizaría la tecnología de proceso 14A de Intel.
Sin embargo, el éxito de TeraFab no está garantizado. El documento advierte que, si la planta falla, podrían no tener otras fuentes para satisfacer sus demandas de computación. Además, la asociación con Tesla e Intel es aún inestable, ya que no existen acuerdos definitivos y ninguno de los socios está obligado a permanecer en el proyecto.
En conclusión, ni los avances en cohetes reutilizables ni la ingeniería satelital pueden compensar la limitada producción de obleas de silicio. El futuro de la infraestructura informática espacial de SpaceX depende de una apuesta incierta en la fabricación de hardware.
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