Sony ha confirmado oficialmente que, a partir de enero de 2028, todos los videojuegos de PlayStation serán digitales, impulsado por que el 80% de sus ventas ya se realizan en este formato. Sin embargo, más allá de la nostalgia o el derecho de propiedad, este cambio revela una problemática estructural.
Según el psicólogo Matías Vargas García, el fin del disco es el síntoma de una época donde todo es efímero, consumible y desechable. Vivimos en un mundo donde el placer inmediato se privilegia sobre la calidad, transformando productos que deberían tener sustancia en simples objetos de eficiencia y marketing.
El autor contrasta esta realidad con la era de los 90 y 2000, cuando consolas como la PlayStation 1, la Super Nintendo o la Game Boy representaban innovaciones reales. En aquel entonces, la experiencia era tangible: comprar el juego en la tienda, prestarlo a un amigo o dedicar horas a superar un nivel difícil. Hoy, esa esencia ha sido reemplazada por un formato sin alma, donde la innovación se limita a mejores gráficos y procesadores más veloces.
Este fenómeno se apoya en una lógica de marketing que, desde los estudios de Dichter en 1940, entiende que el consumidor no elige racionalmente, sino emocionalmente. Las marcas no venden el producto en sí, sino la ilusión de llenar un vacío: PlayStation no vende consolas, vende la pertenencia a un grupo o la reunión con amigos.
Así, el catálogo actual se llena de títulos irrelevantes y desechables que funcionan como chatarra comercializable. La desaparición del formato físico encaja perfectamente en esta filosofía de saturación de mercado, donde el videojuego deja de ser una obra con trasfondo humano para convertirse en un número más en una biblioteca digital que olvidaremos en pocas semanas.
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