La lucha por la supervivencia y la salud se ha convertido en la única prioridad para Javier Zarza, un hombre que hoy se encuentra en una situación de extrema vulnerabilidad. Tras haber enfrentado la pérdida de su esposa hace ocho años debido a complicaciones renales, Zarza se enfrenta ahora a una pesadilla recurrente: dos de sus hijos padecen la misma enfermedad que acabó con la vida de su compañera, sumiendo a la familia en un ciclo de dolor y precariedad económica.
El drama familiar ha obligado a don Javier a abandonar su lugar de origen, la ciudad de San Patricio Misiones, para trasladarse con sus hijos hacia el Hospital Nacional de Itauguá. Lo que comenzó como un traslado para recibir atención médica especializada se ha transformado en una permanencia prolongada, al punto que el centro asistencial se ha convertido prácticamente en el nuevo hogar de esta familia, que depende enteramente de la asistencia hospitalaria y la buena voluntad de terceros.
En una comunicación con el programa “Callejeros” de Unicanal, Javier Zarza relató la dura realidad que atraviesa. Desde la muerte de su esposa, asumió la responsabilidad total del cuidado de sus tres hijos, pero la estabilidad fue efímera. La predisposición genética y la enfermedad volvieron a golpear el núcleo familiar, afectando a Humberto, de 19 años, y a Víctor, de 16 años.
La situación de salud de los jóvenes es crítica. Humberto ha sido paciente dializado durante los últimos siete años, un proceso agotador que ha dejado secuelas físicas profundas. Por su parte, Víctor se encuentra en una etapa límite y está a punto de ingresar también al régimen de diálisis, lo que duplicará la carga de cuidados y gastos para su padre.
Más allá de la insuficiencia renal, Humberto enfrenta una complicación adicional denominada osteodistrofia renal. Este trastorno, derivado de la falla en el funcionamiento de los riñones, provoca la debilidad y deformación de los huesos. Según explicó don Javier, las piernas de su hijo se deformaron tras el inicio de las sesiones de diálisis, lo que le impide caminar con normalidad. Para recuperar la movilidad, Humberto requiere urgentemente una prótesis cuyo costo supera los 9 millones de guaraníes, una cifra que resulta inalcanzable para el padre en su situación actual.
La crisis económica de la familia es total. Javier Zarza se desempeñaba anteriormente como albañil en su zona, oficio que le permitía generar ingresos para el sustento diario. Sin embargo, la naturaleza de las complicaciones renales de sus hijos exige una atención constante y una vigilancia que no permite ausencias. Al no poder dejar a Humberto y Víctor solos, don Javier ha tenido que abandonar sus labores remuneradas, quedando sin una fuente de ingresos fija mientras los gastos médicos y diarios continúan acumulándose.
Ante la impotencia de no poder costear el tratamiento y la prótesis necesaria para su hijo mayor, don Javier ha hecho un llamado público y desesperado a la ciudadanía y a las autoridades competentes. El padre manifiesta que ya no sabe cómo afrontar esta realidad y apela a la solidaridad de las personas de buen corazón para poder cubrir los costos médicos y los gastos cotidianos que implica la estancia en el hospital.
Para quienes deseen brindar apoyo a esta familia, se han habilitado canales de contacto directos. Las personas interesadas en colaborar pueden comunicarse al número telefónico 0985 645 302 o realizar transferencias bancarias utilizando el alias 5342106. Asimismo, existe la posibilidad de acercarse físicamente al albergue “Buen Samaritano”, el cual se encuentra funcionando dentro del predio del Hospital de Itauguá, donde la familia permanece refugiada mientras lucha por la salud de los hijos.


