El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ha manifestado formalmente su respaldo a un estudio elaborado en enero por el Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS). Dicho informe propone una reducción en la cantidad de vacunas que se recomiendan actualmente para la población infantil en todo el territorio estadounidense.
A través de un decreto oficial, el mandatario ha instruido a las agencias federales para que procedan a alinear sus políticas internas con los hallazgos y sugerencias de este estudio. Esta reforma es una medida que el secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., había solicitado durante un periodo prolongado, buscando integrar su visión sobre la inmunización en las directrices nacionales.
El estudio en cuestión señala que Estados Unidos recomienda un número de vacunas infantiles superior al de muchos otros países con características similares. Como resultado de este análisis, el informe sugiere que se mantenga la vacunación universal para todos los niños únicamente contra 11 enfermedades específicas.
Para el resto de las vacunas, el estudio propone un cambio de enfoque. Estas no se recomendarían de manera general, sino que quedarían reservadas exclusivamente para grupos de población considerados de alto riesgo o en aquellos casos donde los médicos lo sugieran mediante un proceso denominado “toma de decisiones compartida”. Entre las vacunas que entrarían en esta categoría de recomendación condicionada se encuentran las protecciones contra la gripe, el rotavirus, la hepatitis A, la hepatitis B, algunas variantes de la meningitis y el virus sincitial respiratorio (VSR).
Esta nueva orden presidencial llega en un momento estratégico, ya que refuerza los resultados del estudio justo cuando la administración parecía intentar desplazar el enfoque de las políticas de vacunación más polémicas impulsadas por Kennedy hacia temas más convencionales, tales como la promoción de una alimentación saludable.
En términos operativos, la orden de Trump instruye específicamente a los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) a realizar una revisión exhaustiva del estudio y a tomar todas las medidas necesarias para actualizar sus recomendaciones oficiales sobre vacunas. Asimismo, el decreto enfatiza que los CDC deben brindar la máxima flexibilidad posible tanto a los padres como a los profesionales médicos. El objetivo es garantizar que todas las acciones, regulaciones y el financiamiento federal estén estrictamente alineados con las conclusiones del estudio del HHS.
A pesar de estos cambios en las recomendaciones, la orden presidencial añade una salvaguarda: cualquier modificación implementada debe asegurar que los ciudadanos estadounidenses mantengan el acceso actual a las vacunas disponibles.
Es importante destacar que la autoridad para exigir la vacunación a los estudiantes que ingresan a las escuelas no recae en el Gobierno federal, sino que es una potestad de los estados. Si bien es cierto que las directrices emitidas por los CDC suelen influir significativamente en las regulaciones estatales, algunos estados ya han comenzado a establecer sus propias alianzas con el fin de contrarrestar las directrices de la administración Trump en materia de vacunas.
El contexto de esta medida se remonta a diciembre, cuando Trump ordenó originalmente al Departamento de Salud y Servicios Humanos llevar a cabo el estudio. Robert F. Kennedy Jr., un activista veterano con una postura crítica hacia las vacunas, ha buscado activamente incorporar su escepticismo en las normativas nacionales de salud.
Kennedy ya había tomado decisiones previas en este sentido. El año pasado, anunció que los CDC dejarían de recomendar las vacunas contra el covid-19 para mujeres embarazadas y niños sanos. Esta decisión fue cuestionada por expertos en salud pública, quienes señalaron que no se habían presentado datos nuevos que justificaran tal cambio. Además, en junio pasado, el secretario destituyó a los 17 miembros del comité asesor de vacunas de los CDC, nombrando posteriormente a sus propios reemplazos, entre los cuales se encuentran varios escépticos de las vacunas.
Finalmente, el informe de enero subraya que las recomendaciones de vacunación para los niños en Estados Unidos han experimentado un incremento durante las últimas décadas. El estudio también puso de relieve la existencia de países donde no se exige ninguna vacuna para poder asistir a los centros escolares.


