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Radioterapia con protones reduce significativamente los episodios de taquicardia ventricular grave

Un estudio de Mayo Clinic mostró resultados alentadores en pacientes que habían agotado las alternativas terapéuticas para controlar la taquicardia ventricular; los especialistas consideran que abre una nueva línea de trabajo - LA NACION

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Radioterapia con protones reduce significativamente los episodios de taquicardia ventricular grave
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Investigadores de Mayo Clinic han logrado reducir en un 79 por ciento los episodios de taquicardia ventricular mediante una técnica innovadora de radioterapia con protones. Este tratamiento, descrito como una cirugía sin bisturí, consiste en una única sesión no invasiva que actúa con alta precisión sobre el tejido cardíaco afectado, evitando dañar las zonas sanas del corazón. El estudio se centró en pacientes con insuficiencia cardíaca avanzada que ya habían agotado todas las opciones terapéuticas convencionales. Durante un seguimiento de dos años, no se registraron efectos adversos graves vinculados a la radiación, lo que posiciona a la radioablación cardíaca como una alternativa prometedora y segura para casos críticos. A pesar de los resultados positivos, los especialistas señalan que se trata de un estudio de viabilidad temprana realizado con un grupo reducido de pacientes. Por ello, planean expandir la investigación a ensayos clínicos más amplios para confirmar la eficacia a largo plazo y optimizar la selección de los pacientes beneficiados.

Un equipo de investigadores de Mayo Clinic ha logrado reducir de manera significativa los episodios de taquicardia ventricular (TV), una de las alteraciones del ritmo cardíaco más graves y con riesgo de mortalidad, mediante el uso de una única sesión de radioterapia con protones. Este tratamiento no invasivo fue puesto a prueba en pacientes que padecían una enfermedad cardíaca avanzada y que, hasta el momento, habían agotado todas las opciones terapéuticas convencionales disponibles.

Los hallazgos de este estudio fueron publicados en la revista especializada Heart Rhythm y presentados durante la reunión anual de la Heart Rhythm Society. De acuerdo con los datos proporcionados por los investigadores, el tratamiento permitió observar una reducción del 79% en los episodios de taquicardia ventricular. Además, durante un periodo de seguimiento que se extendió hasta los dos años, no se registraron efectos adversos graves que pudieran atribuirse directamente a la terapia aplicada.

Para comprender la relevancia de este avance, es necesario analizar la naturaleza de la taquicardia ventricular. Esta arritmia se origina en los ventrículos, que son las cavidades inferiores del corazón. Cuando se produce este fenómeno, el órgano puede latir a una velocidad tan elevada que pierde su capacidad para bombear la sangre de manera eficiente hacia el resto del organismo. Esta falla en la circulación puede derivar en mareos, pérdida del conocimiento, insuficiencia cardíaca e incluso provocar la muerte súbita del paciente.

En la actualidad, el abordaje estándar para tratar esta condición incluye el uso de fármacos antiarrítmicos y la realización de procedimientos de ablación con catéter. Esta última técnica consiste en destruir, mediante la aplicación de energía, los sectores específicos del músculo cardíaco que generan las señales eléctricas anormales. No obstante, existe un grupo de pacientes que continúa sufriendo episodios recurrentes a pesar de haberse sometido a múltiples intervenciones y tratamientos farmacológicos.

Este perfil de pacientes fue precisamente el seleccionado para el estudio de Mayo Clinic. La investigación contó con la participación de siete personas que presentaban insuficiencia cardíaca avanzada y una fracción de eyección reducida. Todos ellos tenían antecedentes de múltiples episodios de taquicardia ventricular que persistían a pesar del uso de medicamentos y de haber pasado por una o más ablaciones previas. La gravedad de su estado era evidente: cuatro de los participantes habían atravesado recientemente "tormentas arrítmicas", una condición crítica donde las arritmias aparecen de forma repetida en un intervalo de tiempo muy corto.

La técnica implementada se enmarca en un campo emergente denominado radioablación cardíaca, la cual ha sido descrita como una especie de "cirugía sin bisturí". A diferencia de la ablación tradicional, que requiere ingresar al corazón mediante catéteres, la radioablación utiliza haces de radiación dirigidos desde el exterior del cuerpo para actuar sobre el tejido responsable de la arritmia. En este estudio particular, se emplearon protones, una tecnología que ofrece una mayor precisión en el enfoque de la radiación, permitiendo tratar el área afectada sin irradiar innecesariamente el tejido sano circundante.

Kenneth Merrell, oncólogo radioterápico de Mayo Clinic y coautor del estudio, destacó que estos hallazgos son alentadores debido a que demuestran la capacidad de dirigirse con precisión al tejido cardíaco responsable de la TV, minimizando así la exposición a la radiación del resto del corazón.

El proceso para ejecutar el tratamiento comenzó con la identificación exacta del área a tratar. Para ello, los médicos combinaron diversas herramientas diagnósticas: resonancia magnética cardíaca, tomografías, electrocardiogramas y estudios electrofisiológicos avanzados. Una vez localizada la zona, se administró una sesión única de radioterapia con protones de alta precisión. El procedimiento completo tomó poco más de una hora, aunque la emisión efectiva de la radiación duró solo unos pocos minutos.

Los resultados cuantitativos fueron notables. Durante un seguimiento mediano de 514 días, se registró que la tasa de eventos de taquicardia ventricular descendió de 7,24 episodios por paciente al mes (en los tres meses previos al tratamiento) a 1,52 episodios mensuales después de la intervención. Globalmente, esto representó una reducción cercana al 80%. Konstantinos Siontis, cardiólogo especialista en arritmias de Mayo Clinic e investigador principal, señaló que un enfoque completamente no invasivo podría reducir de forma significativa estos episodios.

En cuanto a la seguridad, los autores subrayaron que la terapia fue técnicamente factible en todos los casos y que no se presentaron eventos adversos graves vinculados de forma probable o definitiva a la radiación. No se detectaron bloqueos cardíacos, accidentes cerebrovasculares, complicaciones pulmonares ni alteraciones en el funcionamiento de los dispositivos implantables utilizados para el control de las arritmias.

Sin embargo, los especialistas instan a interpretar estos resultados con cautela. Los participantes padecían cardiopatías avanzadas con un alto riesgo de muerte cardiovascular y progresión de la insuficiencia cardíaca. Durante el seguimiento, algunos pacientes fallecieron por la evolución de su enfermedad base y otros requirieron un trasplante cardíaco, desenlaces que los investigadores aclaran que no fueron atribuidos al tratamiento experimental, sino a la gravedad del cuadro clínico original.

Finalmente, los autores reconocen que se trata de un estudio de viabilidad temprana, dado que incluyó a solo siete pacientes y careció de un grupo de comparación, por lo que no puede demostrar la eficacia de manera definitiva. No obstante, Siontis sostuvo que los resultados respaldan la continuación de la investigación en ensayos clínicos más amplios para confirmar la seguridad a largo plazo y determinar qué pacientes pueden beneficiarse más de esta herramienta no invasiva.

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