La lucha por el control de la Cámara de Representantes de Estados Unidos se está librando, literalmente, sobre el mapa. Una agresiva estrategia de redistribución de distritos podría otorgar a los republicanos una ventaja de hasta 10 escaños sobre los demócratas para las elecciones de noviembre.
Esta tendencia ha sido impulsada por una decisión de la Corte Suprema que debilitó la Ley de Derechos Electorales de 1965, facilitando que estados controlados por republicanos, como Alabama y Louisiana, modifiquen sus límites electorales y calendarios para reducir la representación demócrata. Por su parte, los demócratas han logrado avances en California y Utah, sumando unos seis escaños, aunque sus esfuerzos en Virginia fueron bloqueados judicialmente.
Lo más significativo es el cambio en la tradición política. Según Justin Levitt, profesor de derecho, ya no se espera la redistribución cada década tras el censo, sino que se busca obtener ventajas partidistas en cada ciclo electoral. Levitt señala que los tribunales federales ya no pueden controlar la manipulación de distritos con fines partidistas, lo que ha allanado el camino para estas acciones.
No todo ha sido consenso interno. En Carolina del Sur e Indiana, algunos legisladores republicanos resistieron las presiones de Donald Trump para rediseñar mapas que eliminaran la representación demócrata, argumentando razones de conciencia o conveniencia política.
A pesar de estas maniobras, la redistribución por sí sola podría no salvar la escasa mayoría de Mike Johnson, especialmente considerando que el índice de aprobación de Trump se sitúa en el 36%, según encuestas de CNN. Con las primarias en marcha, ambos partidos ya preparan una manipulación electoral aún más agresiva para el ciclo de 2028.
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