Un giro inesperado en el Ayuntamiento de Cartagena ha cambiado el tablero político de la ciudad. La alcaldesa Noelia Arroyo ha logrado desactivar la moción de censura que amenazaba su mandato mediante una maniobra contundente.
El movimiento comenzó este miércoles con la destitución de los dos concejales de Vox que formaban parte de su gobierno: Gonzalo López Pretel y Diego Lorente. Poco después, el plan dio resultado. Diego Salinas y Beatriz Sánchez del Álamo, exconcejales de Vox no adscritos cuyas firmas eran clave para la moción, anunciaron que no votarán en contra de la alcaldesa.
La moción de censura, impulsada por el Movimiento Ciudadano, el PSOE y Sí Cartagena, requería obligatoriamente los 14 votos de sus firmantes para prosperar. Ahora, Salinas y Sánchez del Álamo justifican su cambio de postura alegando la necesidad de mantener la estabilidad institucional y su rechazo a facilitar la entrada del PSOE en el Gobierno municipal.
El conflicto ha escalado a nivel interno en Vox. Los exconcejales acusan directamente a Rubén Martínez Alpañez, portavoz de Vox en la Asamblea Regional de Murcia, de haber iniciado las negociaciones para la moción. Por su parte, Alpañez ha negado cualquier implicación y ha anunciado acciones legales contra quienes califica de "tránsfugas".
Mientras tanto, el ya exvicealcalde López Pretel ha calificado la decisión de la alcaldesa como un "escándalo ético y democrático" y una muestra de "corrupción institucional", afirmando que Arroyo ha preferido la sumisión antes que la lealtad a quienes sustentaban su gobierno.
Con esta maniobra, Noelia Arroyo rompe el pacto de coalición vigente desde noviembre de 2023, envía a sus socios a la oposición y asegura su permanencia en la alcaldía, dejando la moción de censura desactivada antes siquiera de votarse.
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