El pasado martes 26 de mayo se llevó a cabo una entrevista que se ha convertido en uno de los intercambios más tensos de los últimos tiempos desde el retorno de la democracia. El encuentro tuvo lugar entre el periodista Esteban Trebucq y Francisco Pitrola, quien se desempeña como presidente del centro de estudiantes del Colegio Nacional Buenos Aires. El joven estudiante, que previamente había mantenido una charla con el periodista Eduardo Feinmann, fue el protagonista de un acalorado debate que terminó de manera abrupta.
El objetivo inicial de la conversación era abordar la reciente toma del prestigioso establecimiento educativo, medida adoptada por los estudiantes debido a la falta de recursos necesarios para llevar adelante la cursada. Durante el desarrollo de la entrevista, Pitrola explicó que la toma buscaba denunciar el incumplimiento de la Ley de Financiamiento Universitario. Sin embargo, lo que comenzó como un análisis de la situación educativa derivó rápidamente en un enfrentamiento personal y profesional.
El conflicto escaló cuando Trebucq realizó una pregunta marcada por el prejuicio, cuestionando al estudiante sobre si creía que el país podría salir adelante interrumpiendo las clases. Ante este interrogante, Pitrola respondió con firmeza y claridad, argumentando que el país no progresaría si el Presidente no respetara las instituciones ni la democracia. El estudiante detalló la secuencia legislativa: el Congreso aprobó la Ley de Financiamiento Universitario, el Presidente procedió a vetarla, el Congreso volvió a ratificarla y, pese a ello, la ley sigue sin cumplirse.
Ante la solidez de los argumentos presentados por el joven, Trebucq intentó cerrar la discusión refugiándose en el argumento de que el tema se encuentra actualmente judicializado, siguiendo la línea de respuestas habitual del gobierno de La Libertad Avanza. No obstante, Pitrola no permitió que el debate terminara allí y retrucó señalando que, aunque el tema esté en la justicia, el hecho de que el Presidente haya impuesto un decreto por sobre una ley constituye un acto ilegal, insistiendo en que el respeto a las instituciones es fundamental para el avance del país.
A medida que el estudiante mantenía su postura, la irritación del conductor aumentó. En un intento por desviar el eje de la conversación, Trebucq planteó una comparación entre la educación pública y la privada. En este punto, el periodista mencionó que le gustaría que su hija pudiese tener clases en caso de haber optado por el sistema público, pero acusó a Pitrola de "prohibir" que esto sucediera.
La respuesta de Pitrola fue contundente al señalar que los estudiantes ya han perdido numerosas clases debido a que los docentes se encuentran en una situación económica crítica, afirmando que los profesores "no pueden llenar un plato de comida". El presidente del centro de estudiantes aseguró que, ante tal crisis, no se quedarían parados y se movilizarían independientemente de que esto no fuera del agrado de Trebucq.
En un intento por ridiculizar la postura del joven, el periodista lanzó un desafío sarcástico, ofreciéndole regalarle un bombo y una corneta si iba a su casa, instándolo a que no tomara el colegio. Pitrola mantuvo la compostura y respondió que ya habían salido a la calle con bombos en cuatro oportunidades y que, aun así, el Presidente no cumplió la ley. El estudiante subrayó que se estaban quedando sin recursos y medidas posibles, añadiendo que la Corte no tiene plazos mientras los docentes siguen sin poder cubrir sus necesidades básicas.
El punto de quiebre ocurrió cuando Pitrola cuestionó el interés genuino de Trebucq por la educación pública, preguntándole si sabía cuánto tiempo llevaban reclamando el cumplimiento de la ley o si acaso le importaba realmente la educación pública. Esta intervención provocó que el periodista perdiera la compostura definitivamente. Visiblemente afectado, Trebucq exclamó: "Te digo la verdad, me cansaste. Me estás faltando el respeto y no quiero. Chau Francisco".
Aunque Pitrola intentó responder que el periodista también lo había cansado y le había faltado el respeto, fue interrumpido abruptamente. Trebucq ordenó con vehemencia a su equipo de producción: "Sácalo del aire, sácalo del aire. Me faltó el respeto y no quiero", finalizando así la transmisión de manera abrupta.


