Mientras en Caracas se realizaban demostraciones de poder militar, en Ciudad de Panamá, treinta dirigentes de la oposición venezolana se reunieron para definir la hoja de ruta hacia una transición democrática. El encuentro, liderado por María Corina Machado, se centró en dos ejes fundamentales: establecer un cronograma electoral y coordinar con Estados Unidos la aceleración de la "fase 2" del plan propuesto por el secretario Marco Rubio.
Aunque existe un consenso absoluto sobre la necesidad de celebrar elecciones presidenciales, el punto de fricción es el tiempo. Mientras Machado y expertos técnicos sugieren que los comicios podrían realizarse en un periodo de siete meses, el Departamento de Estado de Estados Unidos plantea un horizonte cercano al año 2028. La mayoría de los asistentes aboga por un plazo que oscile entre el tiempo más corto y el segundo semestre de 2027.
Sin embargo, durante la cumbre quedó en evidencia una percepción compartida: ni el gobierno interino de facto ni la administración estadounidense parecen interesadas en apresurar el llamado a las urnas.
En la rueda de prensa posterior, María Corina Machado reafirmó su candidatura presidencial y enfatizó la importancia de integrar a sectores de la disidencia chavista, asegurando que todos son necesarios para lograr el cambio en el país. El encuentro, que contó con la presencia de líderes provenientes de Venezuela, Madrid y Washington, concluyó con un mensaje de retorno para los migrantes, simbolizado por la presencia de una niña huérfana del Darién.
La cumbre de Panamá se posiciona así como la patada inicial para presionar por nuevos comicios y coordinar la cohesión de la coalición opositora frente a los desafíos internacionales y locales.
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