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La lucha contra la extinción en Oaxaca: El refugio que salva a las tortugas marinas de Palmarito

En el sur de México, un pequeño grupo de guardianes dedican sus días, y sobre todo sus noches, a proteger a las tortugas marinas, especies que ahora enfrentan amenazas graves debido a la actividad humana.

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La lucha contra la extinción en Oaxaca: El refugio que salva a las tortugas marinas de Palmarito
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En la costa de Oaxaca, el Campamento Tortuguero Palmarito libra una batalla diaria por la supervivencia de cuatro especies de tortugas marinas. Liderado por la bióloga Alison Raymundo, este equipo de voluntarios patrulla 21 kilómetros de playa cada noche para rescatar huevos y proteger ejemplares como la tortuga laúd, la más grande del mundo y catalogada en peligro crítico de extinción. Sin embargo, el refugio enfrenta graves amenazas estructurales como la urbanización descontrolada, la contaminación lumínica y el calentamiento global, factores que desorientan a los animales y alteran la proporción de sexos en las crías. A pesar de estos desafíos, el proyecto logra integrar a la comunidad y transformar a antiguos cazadores en aliados clave para asegurar que algunas de estas especies logren alcanzar la edad adulta.

La costa de Oaxaca se posiciona como una de las regiones con mayor biodiversidad en México y un punto crítico para la supervivencia de la fauna marina, al ser zona de anidación de cuatro de las siete especies de tortugas marinas que existen en el planeta. En este escenario, específicamente en Palmarito, una extensa playa cercana a Puerto Escondido, se desarrolla un esfuerzo permanente de conservación a través del Campamento Tortuguero Palmarito.

Este proyecto es liderado por Alison Raymundo, una bióloga oaxaqueña cuya dedicación comenzó hace una década. Raymundo inició su labor en el lugar sin percibir un sueldo y viviendo en una tienda de campaña sobre la arena; hoy, encabeza una red de biólogas y voluntarios que trabajan los 365 días del año en la protección y el monitoreo de las tortugas golfina, prieta, carey y laúd. Para ella, trabajar en este refugio ha representado el cumplimiento de uno de sus más grandes sueños.

La operatividad del campamento sigue un ciclo riguroso que comienza diariamente alrededor de las 5:00 p.m. En este horario, el equipo se reúne para revisar el vivero de incubación, el espacio destinado al resguardo de los huevos recolectados. Durante esta fase, se supervisan los nacimientos del día y se asiste a las crías que han tardado hasta tres días en abrirse paso a través de la arena. Posteriormente, se organizan liberaciones controladas con la participación de turistas, actividad que, junto con la venta de souvenirs, permite financiar parte de las costosas labores de conservación, las cuales exigen un alto esfuerzo físico, creatividad y recursos económicos.

Cuando cae la noche, comienza la etapa más intensa de la jornada: el patrullaje de 21 kilómetros de playa. El objetivo es proteger a los ejemplares que aún no han nacido. Los biólogos avanzan bajo las estrellas, utilizando cuatrimotos para recorrer la zona. Sin embargo, el entorno ha cambiado; la oscuridad que antaño predominaba ha sido sustituida por la iluminación de casas, mansiones y hoteles que proyectan reflectores de luz blanca hacia el mar.

El equipo debe rastrear con precisión los surcos anchos y ondulados en la arena que indican el paso de una tortuga. Entre los hallazgos más significativos destaca la tortuga laúd, la más grande del mundo, que puede alcanzar los 1,80 metros de largo y pesar más de 500 kilos. A diferencia de otras especies, la laúd posee una piel gruesa y flexible similar al cuero en lugar de un caparazón duro, y se encuentra catalogada en peligro crítico de extinción por la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Al encontrarla, el equipo mide al animal, le coloca un chip de monitoreo y, mientras desova, excavan un túnel para recuperar los huevos sin interrumpir el proceso.

La recolección de los huevos es vital, ya que, de quedar en la playa, estarían expuestos a depredadores y a un ambiente hostil, reduciendo drásticamente sus probabilidades de supervivencia. Alrededor de la medianoche, los biólogos trasladan los huevos al vivero, replicando con precisión el trabajo de anidación de la madre. Al amanecer, las labores continúan con la limpieza de nidos, el conteo de cascarones y el registro de datos para monitorear la salud de las poblaciones.

A pesar del desgaste físico y las noches de desvelo, biólogas como Abigail Santos describen esta labor no como un trabajo, sino como una pasión. No obstante, los desafíos son estructurales. Edda Carolina González, directora del Centro Mexicano de la Tortuga, señala que el mayor daño que sufren estos reptiles es causado por factores antropogénicos. La contaminación lumínica es uno de los problemas más graves, ya que las luces artificiales desorientan a las tortugas, alejándolas del mar y provocando que ingresen a casas o albercas.

Asimismo, la urbanización descontrolada ha invadido zonas de anidación. Según el Informe de Gentrificación Turística del Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública (Cesop) del Congreso del Estado de Oaxaca, el crecimiento de alojamientos turísticos en la última década ha erosionado el ecosistema natural. Raymundo recalca la urgencia de desarrollos más conscientes que respeten el paisaje.

A esto se suma la caza ilegal de huevos, prohibida en México desde 1990. Un ejemplo de transformación es el de Cristino “Don Tino” Ramírez, quien en su juventud cazaba hasta 700 huevos por necesidad, pero decidió dejar de hacerlo tras un encuentro emocional con una tortuga. Hoy, Don Tino es un aliado fundamental del campamento.

Finalmente, el campamento también combate los efectos del calentamiento global. El aumento de la temperatura en la arena puede alterar la proporción de sexos de las crías, inclinando la balanza hacia una producción mayoritaria de hembras. Ante este panorama, cada cría que llega al océano representa una victoria, considerando que se estima que solo una de cada mil tortugas logrará alcanzar la etapa adulta y regresar a la playa donde inició su vida.

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