Diversos sectores sociales, sindicales y políticos de la República de Panamá han manifestado su firme rechazo ante las recientes acciones y declaraciones provenientes de los Estados Unidos de América dirigidas contra la República de Cuba. Este sábado, la Central Nacional de Trabajadores de Panamá (CNTP) y el movimiento político Patria se sumaron formalmente a las voces que, dentro del istmo panameño, condenan los ataques impulsados desde Washington hacia la isla caribeña.
A través de un comunicado oficial, la Central Nacional de Trabajadores de Panamá (CNTP) expresó una postura contundente respecto a la situación actual. La organización sindical subrayó que no existe ninguna fuerza capaz de borrar el ideario de la resistencia ni la dignidad que caracteriza a la Revolución cubana. En su análisis, la CNTP destacó que el pueblo cubano ha mantenido su integridad a pesar de estar sometido, durante los últimos 67 años, a un bloqueo económico, comercial y financiero calificado por la central obrera como criminal.
En el mismo pronunciamiento, la CNTP fue enfática al repudiar lo que describió como la falacia y la narrativa desplegada por el presidente estadounidense Donald Trump y el secretario de Estado, Marco Rubio. Según el documento emitido por la central obrera, tanto Trump como Rubio han impulsado acusaciones ilegales contra el General de Ejército, Raúl Castro. La CNTP sostiene que estas acusaciones no tienen un fundamento legítimo, sino que forman parte de una estrategia para justificar una posible invasión militar en la isla.
La central obrera panameña reforzó la idea de que los esfuerzos externos por desestabilizar el sistema cubano no lograrán borrar la moral revolucionaria que posee todo un pueblo. Para la CNTP, la resistencia de Cuba frente a las presiones internacionales es un testimonio de la fortaleza de sus ideales y de la coherencia de su proceso social.
Paralelamente, el movimiento político Patria también se pronunció sobre la materia, manifestando su solidaridad con la nación caribeña. El colectivo sostuvo categóricamente que Cuba, a la cual definen como la reserva moral de América Latina, no se encuentra sola en su lucha. A través de su postura, el movimiento Patria buscó enviar un mensaje de unidad regional y apoyo irrestricto frente a las presiones externas.
En su demanda formal, el colectivo Patria solicitó que cesen de manera inmediata todas las hostilidades y las sanciones unilaterales impuestas contra aquellos que defienden la dignidad de su Patria. Para este grupo político, las medidas restrictivas aplicadas por Estados Unidos constituyen una violación a la soberanía y un ataque directo a la autodeterminación de los pueblos.
El rechazo a las políticas estadounidenses no se limitó únicamente a la CNTP y al movimiento Patria. En la nación canalera, se ha consolidado un frente amplio de apoyo compuesto por diversos sectores intelectuales y sociales. Entre quienes condenaron la acusación contra Raúl Castro y el cerco impuesto por Washington se encuentran destacados catedráticos y exdiplomáticos, quienes aportaron su visión crítica sobre la ilegalidad del bloqueo.
Asimismo, diversas agrupaciones organizadas se sumaron al repudio generalizado. Entre ellas destaca la Asociación Martiana de Cubanos Residentes, que mantiene un vínculo estrecho con las raíces y los ideales de la isla. De igual manera, la Coordinadora Nacional de Solidaridad expresó su rechazo a las agresiones externas.
El ámbito político también se manifestó a través del partido Frente Amplio por la Democracia y el Frente Nacional por la Defensa de los Derechos Económicos y Sociales. Ambas organizaciones se unieron al coro de voces que denuncian el cerco impuesto por Washington a La Habana hace más de seis décadas, calificando las acciones actuales como una continuación de una política hostil que afecta el bienestar de la población cubana.
En conjunto, estas organizaciones panameñas han reiterado que el bloqueo económico, comercial y financiero es una medida injustificada que busca socavar la estabilidad de Cuba. La movilización de estos sectores en Panamá refleja una tendencia de rechazo hacia las narrativas de intervención y las sanciones unilaterales que, a juicio de los firmantes, atentan contra la paz y la dignidad de los pueblos latinoamericanos y caribeños.

