La provincia de Chubut se encuentra nuevamente en el centro de un debate fundamental sobre la educación y la diversidad neurológica. A través de un proyecto de ley, se busca establecer un marco formal que permita atender a los estudiantes con altas capacidades, una realidad que, según advierten especialistas y familias, ha permanecido desatendida y marginada dentro del sistema educativo actual.
La iniciativa es impulsada por Victoria Gandulfo, quien es madre y referente de un colectivo de familias que lleva años reclamando reconocimiento, acompañamiento pedagógico y, fundamentalmente, contención emocional para los niños y niñas que presentan este perfil. Para Gandulfo, es imperativo entender que las altas capacidades constituyen una forma de neurodivergencia. Esto implica que existe una manera distinta de procesar la información a nivel neurológico en comparación con las personas neurotípicas, lo que requiere respuestas educativas diferenciadas.
Según la explicación de la referente, estas diferencias suelen manifestarse desde etapas muy tempranas del desarrollo. Los niños con altas capacidades suelen presentar un avance acelerado en áreas específicas, destacándose por un aprendizaje precoz, una curiosidad constante y una capacidad de análisis del entorno mucho más profunda que la habitual para su edad. Gandulfo señaló que estos alumnos no solo aprenden más rápido, sino que poseen una necesidad intrínseca de comprender los temas en profundidad, cuestionando y apropiándose del mundo de una manera particular. De hecho, es común que antes de ingresar al sistema escolar formal ya hayan incorporado conocimientos complejos, como ocurre con las operaciones matemáticas básicas.
Uno de los puntos más críticos resaltados en el reclamo es la falla en la detección temprana. La escasez de profesionales especializados en la materia provoca que los diagnósticos sean, en muchos casos, confusos o incompletos. Gandulfo advirtió sobre un fenómeno recurrente: las características de las altas capacidades suelen ser interpretadas erróneamente como trastornos, tales como el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) o rasgos dentro del espectro autista. Si bien puede existir una coexistencia de condiciones, la falta de una mirada integral provoca que las altas capacidades queden invisibilizadas, impactando negativamente en las trayectorias escolares de los menores.
Otro concepto fundamental introducido en el debate es la "disincronía", definida como la brecha existente entre el desarrollo cognitivo y el desarrollo emocional. Mientras que el nivel intelectual de estos niños puede ser muy avanzado, su madurez emocional suele mantenerse acorde a su edad cronológica o, en algunos casos, incluso por debajo de ella. Esta disparidad genera serias dificultades para gestionar la frustración, lo que suele derivar en crisis, angustia o conductas que son malinterpretadas por los docentes y directivos en el ámbito escolar. Al respecto, Gandulfo explicó que estos niños tienen claridad sobre lo que desean lograr, pero a veces no cuentan con las herramientas para materializarlo, lo que deriva en una autoexigencia elevada y frustración.
La urgencia de una normativa provincial surge ante la ausencia de una ley nacional. Según detalló la referente, se intentó avanzar en una legislación a nivel país durante más de siete años sin obtener resultados concretos, lo que obligó a diversas provincias a impulsar sus propios proyectos. En Chubut, la diputada Vanessa Abril presentó la iniciativa en octubre del año pasado; sin embargo, el proyecto pasó meses sin tratamiento legislativo. Aunque el Ministerio de Educación provincial emitió una resolución en diciembre de 2025, Gandulfo considera que esta medida es insuficiente, ya que una resolución puede ser modificada fácilmente ante un cambio de gestión, mientras que una ley garantiza derechos permanentes a largo plazo.
El proyecto de ley no solo busca el reconocimiento formal, sino la implementación de herramientas concretas: formación específica para los docentes, protocolos de detección temprana, adecuaciones curriculares y la creación de equipos interdisciplinarios que brinden apoyo a las familias. La necesidad de estas medidas se respalda en que se estima que el 10% de la población presenta altas capacidades, lo que significa que, en promedio, cada aula podría tener entre uno y dos estudiantes con estas características.
Para visibilizar la problemática, el colectivo de familias ha iniciado acciones directas, como una junta de firmas realizada en el Cine Coliseo de Comodoro Rivadavia, buscando que el Concejo Deliberante declare el proyecto de interés. Finalmente, Gandulfo advirtió que la falta de un abordaje adecuado conlleva consecuencias graves como el fracaso escolar, cuadros de ansiedad, depresión y una profunda sensación de no pertenencia. La referente concluyó que para construir una sociedad mejor es necesario potenciar los talentos y acompañar a quienes más lo necesitan, evitando que el sistema educativo siga perdiendo estas capacidades.


