Hay personas que basta con que entren en una habitación para que el ambiente cambie. Así era Zé Antônio, un hombre con la rara capacidad de ser querido sin esforzarse por ello, siempre rodeado de personas interesadas en sus relatos, especialmente si el tema era el fútbol.
Orgulloso de sus orígenes y fiel seguidor del club Vasco, Zé formó parte del equipo de deportes del diario Correio Braziliense durante la década de los noventa. Su personalidad quedó inmortalizada en una anécdota ocurrida en 1991, durante la organización de la Maratona de Brasilia.
Miguel Jabour, recién llegado a la ciudad, recibió un consejo directo de Zé frente al editor de deportes: el gobernador Roriz solía retrasarse. Zé le sugirió que, para asegurar la puntualidad de la carrera, fuera personalmente a la tribuna de honor del estadio Mané Garrincha y le informara al mandatario que la largada sería exactamente a las 16 horas.
A pesar de no tener acreditación ni invitación, Jabour logró hablar con el gobernador. El resultado fue sorprendente: al día siguiente, Roriz se presentó quince minutos antes de la hora pactada. Al enterarse, Zé Antônio remató la situación con una frase que definiría su esencia: "¿Ves? ¿Pensaste que era broma? Aquí no es Río".
Con su partida, Brasilia pierde a un personaje excepcional, de aquellos que vale la pena haber conocido y que transforman una redacción en un lugar placentero para trabajar, convirtiendo situaciones improbables en historias eternas.
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