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Michaël Foessel advierte sobre la fragilidad de la democracia y los riesgos de la IA en Buenos Aires

El jueves 22 de mayo, el filósofo francés Michaël Foessel subió al escenario del Teatro Colón de Buenos Aires con un perfil poco habitual para ese espacio: es un especialista en crisis políticas y en los riesgos de la democracia, no un pensador de salón. Llegó para la Noche de las Ideas con preguntas que [...]

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Michaël Foessel advierte sobre la fragilidad de la democracia y los riesgos de la IA en Buenos Aires

El jueves 22 de mayo, el Teatro Colón de Buenos Aires fue el escenario de una profunda reflexión sobre el estado actual de la democracia y el impacto disruptivo de la tecnología. El filósofo francés Michaël Foessel, especialista en crisis políticas y riesgos democráticos, se presentó como el orador inaugural de la décima edición de la Noche de las Ideas. El evento, impulsado por el Institut français d’Argentine y el Ministerio para Europa y de Asuntos Exteriores de Francia, sirvió de marco para que Foessel planteara interrogantes críticos sobre la vigilancia, la inteligencia artificial y la creciente concentración del poder en manos de unas pocas corporaciones tecnológicas.

Con 51 años, Michaël Foessel posee un perfil que se aleja del pensador tradicional de salón. Su trayectoria combina la academia con el periodismo de ideas: es profesor en la École Polytechnique, columnista en el diario Libération y codirige, junto a Jean-Claude Monod, la colección filosófica L’Ordre philosophique en la editorial Seuil. Su trabajo se centra en el análisis de las crisis políticas y los riesgos concretos que enfrenta la experiencia democrática, una perspectiva que adquirió especial urgencia en su visita a Buenos Aires, en un continente donde diversos gobiernos tensionan los límites del Estado de derecho.

Durante su intervención, Foessel abordó la naturaleza de la inteligencia artificial (IA), desmitificando la idea de que esta tecnología vaya a reemplazar la totalidad de la capacidad humana. El filósofo trazó una distinción fundamental: la IA puede sustituir aquello que los seres humanos ya han vuelto reemplazable, es decir, las tareas técnicas, repetitivas y calculables. Como ejemplo, señaló que mientras la traducción de un manual de instrucciones puede ser automatizada, la traducción de una novela es imposible para una máquina, ya que requiere imaginación y un conocimiento íntimo de la lengua.

Sin embargo, la advertencia de Foessel sobre el empleo fue contundente. A diferencia de las revoluciones tecnológicas anteriores, donde la destrucción de puestos de trabajo golpeó principalmente a los obreros e industriales, en esta ocasión el impacto afectará a los cuadros y a las profesiones calificadas. Según el pensador, quienes realizan tareas basadas en el cálculo serán los más vulnerables, ya que es precisamente ahí donde la máquina es superior. Como respuesta a este fenómeno, propuso ir más allá de un ingreso mínimo garantizado, sugiriendo la necesidad de "rehumanizar" el trabajo para hacerlo menos automático y fomentar que los ciudadanos prefieran la interacción humana sobre las pantallas.

El análisis se extendió hacia la influencia de los líderes tecnológicos en el capitalismo actual. Foessel reconoció que el poder de los industriales no es un fenómeno nuevo, pero destacó que figuras como Elon Musk, Mark Zuckerberg y Peter Thiel asocian ese poder a utopías transhumanistas y, en ciertos casos, a visiones reaccionarias. En particular, subrayó la necesidad de un escrutinio serio sobre la influencia de Musk en el gobierno de Trump. Asimismo, alertó sobre la fragilidad económica del sector, señalando que OpenAI tiene una capitalización de más de 800.000 millones de dólares sin haber generado beneficios, lo que define una burbuja especulativa real.

En relación con la vigilancia, el filósofo citó a la empresa Palantir, cofundada por Peter Thiel, como ejemplo de la dimensión ideológica del problema. Esta firma, especializada en el análisis de datos sensibles para servicios de inteligencia y asesoramiento militar, no es neutral. Foessel recordó que el propio Thiel declaró en 2009 que ya no creía que la democracia y la libertad fueran compatibles. Esta situación remite a lo que Gilles Deleuze denominaba "sociedades de control", un sistema donde los individuos colaboran en su propia vigilancia al compartir datos de consumo y movimiento, un proceso apoyado por la biometría y, frecuentemente, respaldado por el Estado en nombre de la seguridad.

Hacia el final de su presentación, Foessel trazó paralelismos entre la actualidad y la Francia de finales de la década de 1930, tema que desarrolla en su libro Récidive, 1938. Aunque aclaró que la historia no se repite, advirtió que persisten lógicas similares: el rechazo al extranjero, la explosión de las desigualdades, el aumento de peligros militares y el abandono de la fe democrática. Mencionó que líderes como Trump, Meloni y Milei han sido elegidos mediante procesos regulares, pero practican políticas que debilitan el Estado de derecho, basándose en la premisa platónica de que el poder centralizado es más eficiente en crisis, una lógica que Foessel rechazó citando la falta de preparación en las decisiones militares de Putin y Trump.

A pesar del diagnóstico complejo, el filósofo no cerró con pesimismo. Señaló que la derrota electoral de Orbán en Hungría y el rechazo en Italia al proyecto de Meloni de controlar el poder judicial son indicios de que el apego popular al Estado de derecho sigue vigente. Para Foessel, la pregunta urgente es si las sociedades están dispuestas a defender la democracia antes de que el deterioro sea irreversible.

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