El hantavirus se define como un grupo de virus zoonóticos que infectan de manera natural a diversas especies de roedores. Aunque su huésped habitual son estos animales, el virus puede transmitirse ocasionalmente a los seres humanos, provocando enfermedades que, dependiendo del tipo de virus y la ubicación geográfica del paciente, pueden derivar en cuadros clínicos graves e incluso causar la muerte.
A nivel global, la manifestación de la enfermedad varía significativamente según la región. En el continente americano, la infección es conocida por provocar el síndrome cardiopulmonar por hantavirus (SCPH). Esta es una afección de progresión rápida que ataca principalmente los pulmones y el corazón del paciente. Por el contrario, en Europa y Asia, los hantavirus suelen causar la fiebre hemorrágica con síndrome renal (FHSR), una patología que afecta predominantemente a los vasos sanguíneos y a los riñones.
El mecanismo de contagio se vincula directamente con la exposición a roedores silvestres, específicamente ratones y ratas. Existen tres vías principales de infección. La más común es la inhalación de polvo que ha sido contaminado con la saliva, la orina o las heces de roedores infectados. En segundo lugar, puede ocurrir el contagio mediante el contacto directo con superficies contaminadas, siempre que el virus entre en el organismo a través de la boca, la nariz o los ojos. Finalmente, aunque es un evento poco frecuente, las mordeduras de roedores infectados también pueden servir como vía de transmisión.
En cuanto a la sintomatología, el periodo de incubación es variable, apareciendo los primeros signos entre una y ocho semanas después de la exposición inicial. En sus etapas tempranas, los síntomas suelen asemejarse a los de una gripe común, incluyendo fiebre alta de aparición repentina, dolor de cabeza y dolores musculares. Asimismo, es frecuente que los pacientes presenten náuseas, vómitos o dolor abdominal. Los expertos advierten que, ante la presencia de síntomas graves o un empeoramiento repentino del estado de salud, es imperativo buscar atención médica de urgencia.
La letalidad del hantavirus es muy variable y depende estrechamente de la región geográfica. En Asia y Europa, la tasa de mortalidad oscila entre menos del 1% y el 15%. Sin embargo, en América, la situación es mucho más crítica, ya que la tasa de letalidad puede alcanzar el 50%. Se estima que, a nivel mundial, se producen entre 10.000 y 100.000 infecciones cada año, siendo las regiones de Asia y Europa las que registran la mayor incidencia de casos.
Un dato relevante para la salud pública en América del Sur es la existencia de la variante de los Andes. Este hantavirus en particular es conocido porque se ha documentado que puede existir una transmisión limitada de persona a persona entre contactos cercanos, a diferencia de otras cepas del virus.
Desde el punto de vista médico, es fundamental señalar que no existe un tratamiento específico que cure las enfermedades causadas por los hantavirus, ni se dispone actualmente de una vacuna. Por ello, la atención médica de apoyo durante las primeras etapas de la infección es crucial. El enfoque clínico se centra en el seguimiento puntual del paciente y en el manejo de las complicaciones respiratorias, cardíacas y renales que puedan surgir.
El riesgo de contraer el virus está estrechamente relacionado con actividades específicas, tales como el senderismo, los trabajos agrícolas o la limpieza de espacios cerrados que hayan estado abandonados. Geográficamente, el virus está presente en todo el mundo, destacando su incidencia en países como Alemania, Finlandia, Suecia, Francia, Austria y Eslovenia en Europa; China, Corea del Sur y Rusia en Asia; y Estados Unidos, Canadá, Argentina, Chile y Brasil en América.
Para prevenir la infección, la estrategia fundamental es reducir al mínimo el contacto entre las personas y los roedores. Las recomendaciones incluyen mantener la limpieza rigurosa de hogares y lugares de trabajo, así como sellar cualquier abertura en los edificios que permita la entrada de estos animales. Asimismo, es vital almacenar los alimentos de forma segura para no atraer a los roedores.
En el caso de limpiar zonas donde se sospeche la presencia de roedores, se deben emplear prácticas seguras. Se recomienda evitar estrictamente barrer o aspirar en seco los excrementos, ya que esto puede dispersar el virus en el aire. Lo correcto es humedecer primero las zonas contaminadas antes de proceder a su limpieza y reforzar siempre las prácticas de higiene de manos. Estas medidas, respaldadas por la OMS y el Hospital Universitario de Bellvitge, son la herramienta más efectiva para evitar el contagio.

