La crisis inmobiliaria en China persiste y no muestra señales de recuperación total. Los precios de las viviendas nuevas volvieron a caer en abril, acumulando ya 35 meses consecutivos de descensos, lo que refleja la profundidad de la crisis que atraviesa el gigante asiático.
Según los cálculos efectuados por la agencia EFE basados en cifras de la Oficina Nacional de Estadística, los precios en 70 ciudades seleccionadas disminuyeron un 0,19 % respecto al mes anterior. Si bien la tendencia sigue siendo negativa, se observa una ligera moderación en la bajada en comparación con el 0,21 % registrado en marzo.
Una situación similar se presentó en el mercado de inmuebles de segunda mano, donde se registró una reducción intermensual del 0,23 %, un ritmo también más moderado que el 0,24 % de la lectura anterior.
Al analizar el comportamiento por ciudades, el panorama es mixto pero predominantemente bajista. De las localidades monitoreadas, 49 experimentaron reducciones en el precio de la vivienda nueva. En contraste, catorce ciudades, incluyendo centros neurálgicos como Shanghái, Cantón y Shenzhen, registraron repuntes, mientras que siete no presentaron variaciones en sus precios.
Para el gobierno de Pekín, este desplome representa un riesgo significativo para la estabilidad social, ya que la vivienda es el principal vehículo de inversión para la mayoría de las familias chinas. A esto se suma el impacto macroeconómico: algunos analistas estiman que el sector inmobiliario, sumando factores indirectos, tiene un peso cercano al 30 % del Producto Interno Bruto nacional.
Debido a este escenario, las autoridades chinas han anunciado numerosas medidas en los últimos años con el objetivo de detener la caída del mercado y combatir la ralentización de la economía.
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