La Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) se encuentra en el centro de una fuerte controversia luego de la aprobación de una reforma que incrementa el costo de las pensiones, medida que ha desencadenado una serie de protestas estudiantiles. Los alumnos, movilizados en defensa de sus derechos económicos, han exigido la apertura de canales de diálogo efectivos con las autoridades universitarias para revisar los términos de este incremento.
En el marco de este conflicto, han surgido diversos comentarios en el espacio público que intentan reducir la condición de los alumnos de universidades privadas a la de simples clientes, sugiriendo que, bajo esa premisa, no tendrían derecho a reclamos sobre la gestión administrativa o financiera de la institución. Esta postura ha sido rechazada tajantemente por el cardenal Carlos Castillo, arzobispo de Lima, quien ha manifestado su respaldo a los universitarios. El prelado recordó el lema que los estudiantes han llevado durante sus manifestaciones: “Somos estudiantes, no clientes”, validando así la naturaleza académica y humana de su vínculo con la universidad.
Durante una entrevista concedida a RPP, el cardenal Castillo cuestionó profundamente la tendencia de observar la educación desde una perspectiva empresarial. El arzobispo señaló haber escuchado a un periodista afirmar que los alumnos de instituciones privadas actúan como clientes y no como estudiantes, calificando dicha visión como inaceptable. Para la autoridad religiosa, la educación posee una dimensión que trasciende los intereses económicos y el lucro. En este sentido, Castillo subrayó su trayectoria de 36 años como profesor en la Universidad Católica para defender la esencia de la institución, asegurando que educar no es un negocio, sino un proceso orientado a formar a la persona en su integridad.
Respecto al origen de las movilizaciones, el cardenal recordó que el conflicto se inició debido a los cambios en los costos de las pensiones. Castillo hizo hincapié en que el artículo 152 del estatuto de la PUCP establece la obligatoriedad de brindar ayuda económica al alumnado, razón por la cual explicó que el sistema de escalas es un elemento institutivo de la universidad. Desde su perspectiva, cualquier modificación que afecte este beneficio genera discrepancias naturales y legítimas dentro de la comunidad estudiantil. No obstante, informó que actualmente existe una nueva comisión donde estudiantes y autoridades ya mantienen un diálogo activo. El objetivo de este grupo de trabajo es analizar en qué aspectos se ha alterado el punto central de la normativa para proceder a corregir los errores cometidos en la reforma.
A pesar de su apoyo a los reclamos, el arzobispo hizo un llamado urgente a que las movilizaciones se mantengan dentro de los márgenes de la paz. Castillo defendió el derecho de los jóvenes a protestar y reclamar con razones justas cuando la universidad incurre en errores, pero rechazó cualquier forma de violencia. El prelado pidió a los estudiantes tener consideración y evitar acciones que resulten violentas o que constriñan la vida universitaria. Para el cardenal, los problemas económicos que enfrenta la institución deben resolverse mediante la buena voluntad y un diálogo tranquilo entre las partes involucradas.
Asimismo, la autoridad religiosa extendió sus reflexiones a la situación de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM). Como exalumno de dicha casa de estudios, Castillo defendió la institucionalidad de San Marcos y criticó los intentos de modificar las reglas internas con el fin de facilitar la reelección de las autoridades actuales. Advirtió que el sentido democrático debe respetarse en las universidades nacionales y que los cambios realizados a última hora para permitir reelecciones no benefician el rumbo de la institución.
Finalmente, el cardenal lamentó que el sistema educativo actual se vea guiado por una ambición económica desmedida. Denunció que la sociedad está siendo impactada por una búsqueda generalizada de dinero que destruye las bases de la educación al sustituir la enseñanza por el negocio. En este contexto, alertó sobre la existencia de universidades que funcionan exclusivamente como negocios, engañando a los jóvenes con la entrega de títulos que carecen de valor real para el mercado laboral. Frente a esta crisis, concluyó que la solución radica en brindar a los estudiantes el espacio que les corresponde y ejecutar una reforma radical de la calidad educativa en el país, proceso que solo será viable si se garantiza la participación efectiva de los alumnos en sus campus y se realiza en un clima de tranquilidad.


