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La IA y los wearables buscan predecir ataques cardíacos y enfermedades años antes de que ocurran

Empresas de todo el mundo, como Samsung Electronics Co. y Apple Inc., están estudiando cómo esta tecnología puede predecir eventos relacionados con la salud.

La IA y los wearables buscan predecir ataques cardíacos y enfermedades años antes de que ocurran

La industria de los dispositivos portátiles está atravesando una transición fundamental: pasar del simple monitoreo biométrico a la salud proactiva mediante el uso de inteligencia artificial. Empresas como Oura, Apple, Samsung y Whoop están desarrollando modelos de IA capaces de analizar datos personales para predecir problemas de salud graves, como ataques cardíacos y accidentes cerebrovasculares, mucho antes de que se manifiesten los primeros síntomas.

El caso de Haley Billey, una gerente de 31 años de Michigan, ilustra esta tendencia. Billey utilizó un anillo Oura para controlar su fertilidad, pero las lecturas constantes sobre sus niveles de estrés y energía la llevaron a consultar a un médico, quien finalmente diagnosticó que padecía la enfermedad de Hashimoto, un trastorno autoinmune. Aunque el dispositivo no puede diagnosticar, Billey ahora cede sus datos personales a Oura Health Oy para ayudar a entrenar un modelo de IA destinado a detectar la hipertensión y predecir eventos cardiovasculares. Según Tom Hale, CEO de Oura, el verdadero avance tecnológico no es saber que existe un problema, sino detectarlo antes de que ocurra para cambiar el comportamiento del usuario y prevenir el evento.

Este ecosistema de salud digital se ha convertido en un mercado masivo, estimado el año pasado en más de 90.000 millones de dólares. La adopción es tan amplia que los tenistas podrán usar estos dispositivos en torneos de Grand Slam y figuras como el golfista Rory McIlroy han autorizado la publicación de sus estadísticas durante el Masters. Incluso Robert F. Kennedy Jr., secretario de Salud de Estados Unidos, ha expresado su deseo de que todos los ciudadanos utilicen monitores de actividad física.

Sin embargo, pasar del registro de datos a la predicción es un reto complejo. Ramón Llamas, de International Data Corporation, describe esta capacidad predictiva como el "unicornio esquivo" de la industria, cuya consecución dependerá de que los gobiernos revisen las regulaciones sobre lo que define a un dispositivo médico. Mientras tanto, en eventos como la CES, han aparecido productos como el "espejo de la longevidad" de NuraLogix, que mide el flujo sanguíneo mediante selfies, o la herramienta viral "Death Clock", que intenta predecir la fecha de fallecimiento basándose en datos de longevidad.

La carrera tecnológica se centra ahora en la salud cardiovascular, monitoreando el pulso, la hipertensión y los niveles de azúcar en sangre. Will Ahmed, CEO de Whoop, compara estos modelos con los lingüísticos de IA: así como un modelo predice la siguiente palabra, ellos buscan predecir el siguiente latido del corazón, con el objetivo de alertar sobre un ataque cardíaco con 15 minutos o incluso años de antelación.

Otras empresas están diversificando sus aplicaciones. Google, a través de Fitbit, ha lanzado una pulsera sin pantalla que integra el historial médico y monitores de glucosa para sugerir tratamientos mediante IA. Oura y Garmin se han enfocado en la salud femenina, implementando herramientas para predecir la ovulación y monitorizar la menopausia. Por su parte, Samsung Health trabaja en la detección de la demencia analizando la marcha y el habla, y planea lanzar un "acompañante personal de salud" con IA para alertar sobre riesgos detectados por su función de presión arterial.

A pesar del optimismo, existen riesgos significativos. Expertos advierten sobre la "ansiedad por dispositivos portátiles", donde el seguimiento obsesivo lleva a los usuarios a cancelar planes o buscar atención médica innecesaria basándose en alertas falsas. Margaret Lozovotsy, de la Asociación Médica Estadounidense, señala que el exceso de autovigilancia podría transferir la responsabilidad del diagnóstico de los expertos a personas sin conocimientos médicos. Además, James Gilmore advierte que los usuarios podrían empezar a medir su valor personal basándose en los datos que producen.

También persisten preocupaciones sobre la privacidad y la equidad. Dado que los usuarios actuales suelen ser jóvenes y con mayor poder adquisitivo, los modelos de IA podrían estar sesgados. Además, gran parte de esta información queda fuera de la protección de la ley HIPAA, regulándose solo por términos de servicio. Kevin Fu, experto de la Universidad Northeastern, teme la llegada del "spam de salud", donde los datos del reloj sean utilizados para enviar publicidad dirigida de medicamentos.

Actualmente, la FDA mantiene la prohibición de que los wearables diagnostiquen enfermedades. No obstante, empresas como Oura abogan por una nueva clasificación regulatoria que permita emitir alertas de salud sin pasar por los largos procesos de autorización de los dispositivos médicos tradicionales. Mientras se debate la regulación, usuarios como Thomas Lynch afirman que el monitoreo en tiempo real salvó su vida al detectar una frecuencia cardíaca elevada que resultó ser una embolia pulmonar.

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