El tratamiento de la depresión ha estado tradicionalmente dividido en dos enfoques principales: la vía farmacológica, centrada en la regulación de los neurotransmisores, y el uso de terapias diseñadas para estimular directamente las regiones del cerebro que se encuentran comprometidas. Sin embargo, una reciente investigación publicada en la revista 'Cell Reports Physical Science' sugiere la existencia de una tercera vía que podría cambiar el paradigma actual.
En Corea del Sur, un equipo de científicos de materiales ha desarrollado unas lentillas bioelectrónicas diseñadas para tratar la depresión con una eficacia comparable a la de los antidepresivos convencionales. El dispositivo propone utilizar el ojo no solo como el órgano de la visión, sino como una suerte de «puerta trasera» para resetear la actividad cerebral.
La base de este avance se encuentra en la particular conexión anatómica del ojo. Dado que la retina es, en esencia, una extensión del sistema nervioso central, ofrece una ruta directa hacia las áreas profundas del cerebro que controlan la ansiedad y el estado de ánimo. Mientras que las lentillas inteligentes desarrolladas hasta la fecha se habían limitado a la monitorización de la salud —como la medición de la presión intraocular o de la glucosa en las lágrimas—, este es el primer caso en que se utilizan como una herramienta terapéutica activa para combatir un trastorno psiquiátrico.
Para lograr que la lentilla estimule el cerebro sin generar molestias al usuario, los investigadores implementaron una técnica conocida como interferencia temporal. Este proceso consiste en la emisión de dos señales eléctricas de baja intensidad a través de electrodos ultrafinos integrados en la lente, los cuales han sido fabricados con platino y óxido de galio. Por separado, estas señales son inofensivas; sin embargo, se vuelven activas en el punto exacto donde se cruzan, que en este diseño es la retina.
El profesor Jang-Ung Park, de la Universidad Yonsei y autor principal del estudio, ha explicado este mecanismo mediante una analogía visual. Según el docente, el proceso es similar a utilizar dos linternas: aunque cada haz de luz sea tenue por sí solo, en el punto donde se superponen se crea un punto brillante. De la misma manera, las señales eléctricas de la lente solo se activan al encontrarse en la retina, estimulando el cableado natural que transporta la señal hacia las regiones cerebrales vinculadas al humor.
La eficacia del dispositivo fue evaluada mediante modelos animales. Un grupo de ratones con depresión inducida fue sometido a 30 minutos diarios de estimulación a través de estas lentes durante un periodo de tres semanas. Los resultados se compararon con un grupo de control y con un tercer grupo tratado con fluoxetina, el principio activo del conocido fármaco Prozac. Al finalizar el estudio, se observó que las mejoras en los ratones que utilizaron las lentillas eran equiparables a las de aquellos tratados con la medicación química, tanto en su fisiología como en su comportamiento.
Los registros de actividad cerebral demostraron que el tratamiento logró restaurar la conectividad entre la corteza prefrontal y el hipocampo, un puente neuronal que generalmente se debilita o se daña debido a la depresión. En el ámbito biológico, los análisis confirmaron un aumento del 47% en los niveles de serotonina y una reducción del 48% en los niveles de corticosterona, la hormona del estrés en roedores, igualando los efectos del fármaco pero evitando los efectos secundarios sistémicos.
Además, el equipo utilizó modelos de inteligencia artificial para analizar la recuperación. El algoritmo, tras evaluar los biomarcadores y el comportamiento, no pudo distinguir a los ratones tratados con las lentes de aquellos que nunca habían padecido depresión, lo que sugiere un retorno a un estado biológico saludable más que un simple alivio de los síntomas.
El profesor Park afirma que este enfoque libre de fármacos tiene un potencial tremendo para transformar el tratamiento de la depresión y otras patologías cerebrales, como las adicciones, la ansiedad o el deterioro cognitivo. El siguiente paso de la investigación será eliminar los cables para hacer el dispositivo totalmente inalámbrico y realizar pruebas de seguridad en animales de mayor tamaño antes de iniciar ensayos clínicos en humanos.
No obstante, la comunidad científica internacional mantiene una postura de cautela. Barbara Pierscionek, experta en innovación de la Anglia Ruskin University, advierte que el experimento se realizó en ratones con fotorreceptores dañados para evitar que la actividad visual interfiriera con las señales eléctricas. Según Pierscionek, en humanos y animales con retinas sanas, la luz y la visión podrían «ensuciar» la precisión de la terapia. Asimismo, señaló que la anatomía humana, donde el ojo ajusta constantemente su enfoque mediante el movimiento del iris y el cristalino, podría desviar las señales eléctricas. Finalmente, subrayó la necesidad de salvaguardias extremas para evitar infecciones o daños en la córnea.


