El conductor Mario Pergolini retomó las grabaciones de su ciclo televisivo Otro día Perdido, emitido por la pantalla de El Trece, luego de haber atravesado un periodo de profundo dolor personal. El regreso del periodista se produce tras el fallecimiento de su madre, hecho que lo obligó a suspender la producción y grabación de los programas correspondientes al pasado jueves y viernes, días en los que el conductor se mantuvo ausente para transitar el duelo familiar.
Al abrir el programa, Pergolini se mostró visiblemente afectado, con una emoción palpable en su voz que marcó el tono del inicio de la emisión. Sus primeras palabras estuvieron dedicadas a expresar un profundo agradecimiento hacia todas las personas que le hicieron llegar muestras de cariño tras la dolorosa noticia. El conductor se sinceró sobre la complejidad de los últimos días, destacando el valor del apoyo recibido y el impacto positivo del aplauso del público al momento de su retorno. En un relato honesto, Pergolini confesó que los días transcurridos fueron sumamente difíciles para él, reiterando su gratitud hacia quienes lo acompañaron en este momento de vulnerabilidad.
A pesar de la tristeza, Pergolini no abandonó su esencia ni su sentido del humor, el cual utilizó como un mecanismo de defensa y refugio. Durante el programa, mencionó que, incluso en medio del duelo, buscó resguardarse en las bromas, llegando a comentar que tenía chistes de funerales para compartir. Esta dualidad entre el dolor y la ironía fue una constante durante su intervención, demostrando cómo el humor puede funcionar como una herramienta para procesar la tragedia.
El conductor también quiso subrayar la importancia del afecto recibido en diversos ámbitos. Además de los mensajes directos, Pergolini destacó la amabilidad de las personas con las que se cruzó en la cancha, subrayando que esos gestos espontáneos fueron muy significativos para él en un contexto tan adverso.
En un momento de gran apertura emocional, el conductor realizó una confesión impactante sobre su paso por el programa. Reconoció que Otro día Perdido es el espacio donde más ha llorado en toda su vida, especificando que lo ha hecho en dos ocasiones. Con un toque de su habitual determinación, aseguró que no volverá a permitir que suceda, evidenciando la lucha interna entre su sensibilidad actual y su imagen pública.
Uno de los puntos más comentados de su regreso fue el análisis, con su característico humor ácido, sobre los rituales funerarios. Pergolini cuestionó la estética de los velatorios, específicamente la elección de los cuadros decorativos. Se preguntó quiénes son los encargados de elegir dichas obras, calificándolas de raras. Relató con ironía la presencia de un cuadro que mostraba una casa con un puente, cuestionando el sentido de tal imagen y preguntándose a dónde conducía aquel puente. Para el conductor, todo el proceso de decoración de un lugar de despedida le resultó extraño y fuera de lugar.
Esta reflexión dio pie a una intervención de Evelyn Botto, quien indagó sobre si Pergolini había recurrido al humor durante el velorio de su madre. El conductor reveló que lo hizo desde el primer momento, describiendo esta reacción como algo más fuerte que él mismo. Para Pergolini, el uso del humor en situaciones límite no es una falta de respeto, sino la mejor forma de descomprimir la tensión emocional y manejar el peso de la pérdida.
Hacia el final del programa, el conductor dejó de lado las bromas para abrir su corazón plenamente. Reflexionó sobre lo complicados que resultan estos momentos, admitiendo que nadie posee un manual sobre cómo afrontar la muerte de un progenitor. Confesó que, inicialmente, mantuvo la creencia de que podría manejar la situación con estabilidad y que estaría bien, pero terminó reconociendo que la realidad lo superó y que finalmente se quebró ante la magnitud del dolor.


