Desde el zaguán de su hogar, Jairo Geovanni acomoda una pequeña parrilla para preparar hamburguesas y alitas. Lo que anteriormente era un negocio operado en la banqueta, hoy debe atenderse desde el interior de su vivienda. Este cambio no es voluntario, sino que responde a las nuevas medidas implementadas por las autoridades de la Ciudad de México con el objetivo de limpiar los accesos hacia el Estadio Banorte, anteriormente conocido como Estadio Azteca.
Para Jairo, la nueva dinámica representa un desafío operativo y una pérdida de calidad en el servicio. La ausencia de bancos y mesas obliga a que los clientes consuman sus alimentos de pie, una situación que el comerciante describe como un reto, señalando que no es lo mismo disfrutar de la comida que comer rápido para poder ingresar al estadio. El vínculo de Jairo con este oficio es profundo; heredó el negocio de su abuela, quien durante 45 años vendió alimentos dentro del recinto deportivo, sembrando en él el amor por el comercio.
Esta historia personal se desarrolla en la colonia Santa Úrsula Coapa, zona perimetral del estadio donde la transformación urbana se ha vuelto evidente en los últimos meses. De acuerdo con el secretario de Obras de la capital, se han entregado diversas obras de infraestructura dentro de un plan que contempla un total de 40 proyectos, con una inversión cercana a los 10 millones de dólares.
Uno de los puntos neurálgicos de esta intervención es el puente peatonal de Huipulco, que sirve como acceso principal para los asistentes. Esta obra de movilidad forma parte de un paquete integral que incluye la construcción de más de 300 escalones, la rehabilitación de más de 3,000 metros cuadrados, así como la creación de nuevas banquetas, áreas verdes y espacios públicos.
La jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada, ha sido enfática al señalar que la organización del Mundial ha funcionado como un catalizador para el desarrollo urbano, describiendo el evento como un acelerador de obras. En este sentido, el CETRAM Huipulco, un nodo de transporte vital en el sur de la ciudad por donde transitan diariamente alrededor de 50,000 usuarios, ha sido completamente remodelado. Las mejoras incluyen la incorporación de torniquetes modernos y sistemas de accesibilidad diseñados específicamente para personas con discapacidad visual. Asimismo, la ciudad ha estrenado la ciclovía más larga de la capital, con una extensión de 34 kilómetros que atraviesa cinco alcaldías.
Sin embargo, mientras el gobierno destaca los avances en movilidad e infraestructura a un mes del inicio de las actividades relacionadas con el Mundial, el sector del comercio informal enfrenta una realidad distinta. La jefa de Gobierno, Clara Brugada, anunció que el año 2026 estará marcado por el reordenamiento del comercio informal, estableciendo la meta de retirar a 4,500 comerciantes de la vía pública. Brugada reconoció que esta es una tarea compleja que recae en la Secretaría de Gobierno.
Estas regulaciones han restringido severamente la venta de comida en la vía pública, obligando a muchos vendedores a operar únicamente desde sus domicilios. La incertidumbre impera entre los vecinos y comerciantes de Santa Úrsula Coapa. Patricia Carrillo, residente de la zona, lamenta la situación y expresa su preocupación ante la posible desaparición total de los puestos callejeros.
Como medida paliativa, las autoridades han propuesto la reubicación de los vendedores en un nuevo mercado público en la zona. No obstante, este espacio se encuentra todavía en construcción, lo que mantiene a los comerciantes en un limbo administrativo y económico, sin fechas claras de instalación ni condiciones definidas para su futura operación.
Para los comerciantes, el contraste es evidente. Mientras las autoridades buscan mejorar la imagen urbana y la infraestructura para los millones de aficionados que visitarán la ciudad, los trabajadores locales sienten que se sacrifica una dinámica económica y social arraigada. Jairo Geovanni critica que los beneficios parecen concentrarse en la FIFA, mencionando los precios excesivamente caros dentro de los recintos en comparación con la oferta informal.
La modernización de los alrededores del Estadio Banorte refleja una tensión constante en la Ciudad de México: la búsqueda de una imagen global y eficiente frente a la supervivencia de los trabajadores informales. Aunque algunos usuarios del transporte público reconocen que estas obras probablemente no se habrían realizado sin el impulso del Mundial, para los vendedores locales, la renovación de la ciudad se traduce en una pérdida directa de visibilidad e ingresos.


