En un análisis reflexivo sobre la situación actual de la ética ciudadana y la gestión pública en Ecuador, se ha puesto de manifiesto la urgente necesidad de retomar los valores de disciplina y transparencia para evitar que el país continúe en un estado de inestabilidad. A través de una analogía sobre el riesgo y la seguridad, se plantea que caminar sobre una cuerda floja o semitemplada al aire libre es, por definición, una acción insegura. De la misma manera, se argumenta que las naciones y las personas que alcanzan metas exitosas son aquellas que realizan sus gestiones con los pies en la tierra, avanzando con paso firme, sin prisas y evitando los cálculos mezquinos para lograr resultados positivos.
Por el contrario, el análisis señala que aquellos países y personas que carecen de criterio político y de una proceder astuto suelen actuar movidos por la soberbia y la terquedad. Esta actitud, según el planteamiento, conduce inevitablemente a choques frontales contra la realidad, acarreando consecuencias graves no solo para los individuos, sino especialmente para sus familias y para el pueblo en general. Entre los efectos más alarmantes de esta falta de criterio se encuentran la pauperización de la sociedad, una baja moral colectiva y la disgregación del tejido social. Se advierte que quienes no mantienen una base realista en sus acciones difícilmente podrán superar el golpe del fracaso, el cual puede volverse irreversible si no se meditan a tiempo los pasos positivos necesarios para beneficiar el bien común.
Para superar los obstáculos que frenan el desarrollo, se propone como base fundamental la implementación de un control administrativo rígido y una disciplina financiera férrea. Estos elementos, sumados a un sentimiento de pertenencia y al deseo genuino de trabajar por el bienestar de los demás, son los que permiten dar pasos seguros hacia el progreso. En este sentido, se hace una distinción clara sobre los errores cometidos; mientras que las imprecisiones son una cosa, el acto de intentar escamotear bienes ajenos se considera imperdonable. Por ello, se sugiere que cualquier infractor que incurra en este tipo de conductas debería ser excluido de por vida de cualquier participación política y social.
Uno de los puntos más críticos abordados es la problemática de la impunidad. Se describe como una situación de ingratitud y desavenencia general el hecho de que personas que han cometido graves infracciones económicas no hayan recibido el castigo merecido. El hecho de que algunos infractores gocen de impunidad es calificado como una burla para todo el país, lo que provoca que la credibilidad nacional se tambalee en el concierto mundial de naciones, afectando la imagen de Ecuador ante el exterior.
Asimismo, se menciona la existencia de un grupo de ciudadanos calificados como malos ecuatorianos. Aunque se reconoce que son pocos en comparación con la población general, se enfatiza que son elementos muy activos que procuran proyectar una falsa imagen de normalidad, intentando hacer creer a la sociedad que todo está funcionando correctamente cuando la realidad es distinta.
Finalmente, se resalta la contradicción existente entre la riqueza y las opciones que posee el país y la realidad actual de su implementación. Se considera inaudito que, contando con capacidades y recursos diversos, estos no sean aplicados en beneficio de la colectividad. Esta falta de gestión efectiva hace que el país se perciba como un barco perdido en el ancho mar, gareteando sobre las olas del infortunio sin un rumbo claro. Esta reflexión, firmada por César Antonio Jijón Sánchez, técnico de mantenimiento de Daule y fechada el 11 de mayo de 2026, sirve como un llamado a la responsabilidad y a la rectitud administrativa para rescatar el destino nacional.


