La estabilidad interna del gobierno ruso se encuentra bajo el escrutinio de observadores internacionales y servicios de inteligencia tras la difusión de versiones periodísticas que sugieren la posibilidad de un golpe de Estado. Diversas publicaciones, entre las que destacan el portal de investigación Important Stories, CNN y el Financial Times, han hecho eco de un informe proveniente de un servicio de inteligencia europeo. Este documento señala la existencia de planes conspirativos y amenazas directas contra la integridad del presidente Vladimir Putin, lo que ha generado una profunda división entre los analistas sobre la veracidad y la viabilidad de tal escenario.
Uno de los nombres centrales en estas especulaciones es el de Serguéi Shoigú. El exministro de Defensa y de Situaciones de Emergencias, quien actualmente se desempeña como secretario del Consejo de Seguridad de Rusia, ha sido identificado en el citado informe de inteligencia europea como un factor desestabilizador potencial. Roman Anin, fundador de Important Stories, ha señalado en declaraciones para DW que, aunque Shoigú ha perdido parte de su influencia anterior, sigue representando un riesgo para el sistema de poder establecido por Putin. Según Anin, Shoigú lideró durante años un clan sumamente influyente, logrando integrar a una vasta red de personas bajo su mando mediante estructuras corruptas, comparando este sistema de lealtades con la omertá de la mafia. En este contexto, Anin sostiene que las tensiones entre los organismos de seguridad y las luchas entre clanes han aumentado, mientras que la capacidad de Putin para actuar como mediador entre las élites se ha visto debilitada.
Esta atmósfera de sospecha se refleja en el incremento drástico de las medidas de seguridad en torno al mandatario ruso. Informes indican que el Kremlin ha reforzado la protección de Vladimir Putin ante el temor creciente de intentos de asesinato y movimientos golpistas. Estas tensiones no son aisladas; ya en el mes de abril, el canal de Telegram VCHK-OGPU informó que el Kremlin temía peligros internos, incluyendo posibles ataques con drones en la capital. La situación llegó a un punto tal que se consideró la cancelación del tradicional desfile militar en la Plaza Roja con motivo del Día de la Victoria. Actualmente, Moscú experimenta un despliegue de seguridad intensificado, con la instalación de sistemas móviles de guerra electrónica en el centro de la ciudad e interrupciones de comunicaciones en diversos distritos.
Sin embargo, no todos los expertos coinciden en que un golpe sea probable. El politólogo Abbas Galjamov, aunque reconoce que los conflictos internos en los organismos de seguridad se están agudizando y que algunos clanes operan con mayor independencia, se muestra escéptico respecto al papel de Shoigú. Para Galjamov, el exministro es una figura debilitada que carece hoy de los recursos y el apoyo necesarios para liderar un movimiento de tal magnitud.
En una línea similar, el analista británico Mark Galeotti ha calificado los informes sobre una conspiración como desinformación deliberada. En un comentario para la revista The Spectator, Galeotti sugiere que la repentina ola de publicaciones parece más una operación psicológica diseñada para fomentar la paranoia entre la élite rusa que un análisis serio de seguridad. Según Galeotti, Shoigú no posee la autoridad ni la confianza necesaria dentro de la cúpula del poder para ejecutar un golpe de Estado.
Por su parte, la politóloga Alexandra Prokopenko ofrece una perspectiva estructural sobre el poder en Rusia. A través del canal Carnegie Politika, explica que las élites gobernantes no son un grupo homogéneo con intereses comunes, sino que el sistema de Putin se basa en pirámides verticales construidas alrededor de mecenas individuales. En este modelo, el acceso a los recursos y la toma de decisiones depende directamente de la voluntad del Kremlin, lo que impide la coordinación necesaria para una acción colectiva. Prokopenko argumenta que, mientras los miembros del sistema perciban que obtienen más beneficios bajo el mando de Putin que sin él, no habrá incentivos para un conflicto abierto. No obstante, advierte que la guerra y las sanciones han reducido el pastel de recursos disponibles, redistribuyéndolos a favor del sector militar, lo que podría alterar este equilibrio. Para Prokopenko, la actual falta de reglas claras en la distribución de recursos es una herramienta que Putin utiliza para dividir a las élites, obligarlas a demostrar lealtad y recordarles que sus propiedades dependen estrictamente de su voluntad política.


