Alexander Melnik, quien durante quince años se desempeñó como diplomático soviético entre 1979 y 1995, ha relatado en su libro La elección de la libertad el complejo camino que lo llevó desde las entrañas del sistema oficial de la Unión Soviética hasta convertirse en un reconocido profesor de geopolítica en la ICN Business School y analista internacional en Francia. Naturalizado francés y crítico acerbo de la actual administración rusa, Melnik ofrece una perspectiva interna sobre los mecanismos de un universo marcado por la hipocresía y las rivalidades ideológicas, culminando en una reflexión profunda sobre la naturaleza del régimen de Vladimir Putin y la invasión a Ucrania.
El recorrido de Melnik por la diplomacia le permitió ser testigo directo de los cambios que definieron la segunda mitad del siglo XX. Uno de los episodios más destacados de su carrera ocurrió en 1985, durante la primera visita de Mikhail Gorbachov a París. En aquel momento, Melnik fue el encargado de traducir el término glasnost para Occidente. Ante la dificultad de una traducción literal que resultaba demasiado extensa, el diplomático y sus colegas optaron por el término transparencia, una palabra que facilitó la comprensión global de la nueva política de apertura del régimen. Poco después, intervino nuevamente para traducir perestroika como reconstrucción, aclarando al secretario general del Partido Comunista Francés, George Marchais, que el objetivo de Gorbachov no era terminar con el sistema comunista, sino mejorarlo.
Desde su óptica actual, Melnik sostiene que el comunismo es un crimen comparable al nazismo y al fascismo. Sin embargo, argumenta que, a diferencia del fascismo, el comunismo nunca fue juzgado por la Historia a través de un proceso similar a los Juicios de Nuremberg. Según el analista, Estados Unidos no supo aprovechar el kairós, el momento oportuno, prefiriendo priorizar los negocios y la enseñanza de la economía de mercado sobre un juicio moral y legal. Melnik revela que incluso Boris Yeltsin estuvo abierto a explorar vías para un juicio contra el fascismo soviético, pero que la falta de comprensión de la ideología por parte de los estadounidenses y la visión simplista de la personalidad de Yeltsin impidieron que esto sucediera.
Esta ausencia de un juicio sobre el pasado es, para Melnik, la raíz de la criminalidad y barbarie que hoy personifica Vladimir Putin. Aunque Putin no sea comunista, el autor sostiene que la falta de extirpación de esas raíces criminales permitió el resurgimiento de la ferocidad del Estado ruso. En relación con la guerra en Ucrania, Melnik describe la operación como un fracaso total y un proyecto personal de Putin, quien ve a Ucrania no como un país soberano, sino como una provincia esencial del Imperio ruso que debe ser recuperada para salvar su propio régimen. El profesor destaca que la identidad ucraniana es más antigua que las entidades rusas, recordando que Kiev fue la cuna de la civilización eslava oriental mucho antes de que Moscú existiera.
Sobre la situación interna de Rusia, Melnik advierte que Putin se encuentra en un estado de aislamiento clásico de los dictadores. Señala que la sociedad rusa, aunque anestesiada por la mentira y el miedo, comienza a despertar gracias a la imposibilidad de detener el flujo de información a través de Internet y plataformas como TikTok. Asimismo, identifica una situación revolucionaria o insurreccional debido al descontento de los oligarcas y los siloviki, quienes ven cómo sus fortunas y el futuro de sus hijos en Occidente están comprometidos por una guerra que no tiene objetivos cumplibles.
Finalmente, Melnik analiza la relación entre Putin y Donald Trump, a quienes describe como hermanos siameses y diseñadores del caos. Según el analista, ambos comparten una visión del mundo basada en la personalización del poder y el deseo de romper con el orden internacional burocratizado. Putin, experto en manipulación gracias a su formación en la KGB, sabría aprovechar la personalidad de Trump y su fascinación mutua por la idea de grandeza y poder. Al ser consultado sobre su seguridad personal al criticar al Kremlin, Melnik afirma que su condición de profesor francés y su transparencia mental lo protegen, asegurando que nunca ha conocido el miedo ni ha traicionado sus principios.

