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Tiffany & Co. celebra 160 años de relojería con la reinvención del emblemático Tiffany Timer

El nuevo Tiffany & Co. Timer, limitado a 60 unidades, encarna el lujo tan asociado a la firma neoyorquina y homenajea a su primer cronógrafo, que vio la luz hace 160 años.

Tiffany & Co. celebra 160 años de relojería con la reinvención del emblemático Tiffany Timer

Tiffany & Co. ha decidido conmemorar su vasto legado en la relojería con un lanzamiento excepcional para el año 2026. En el marco de la LVMH Watch Week celebrada en Milán, la firma participó por segunda ocasión junto a otras casas de prestigio que componen la cartera relojera del grupo, como Hublot, Bvlgari, Zenith y TAG Heuer, utilizando este escenario para presentar una reinvención actualizada del Tiffany Timer. Esta pieza ha sido diseñada específicamente para celebrar los 160 años del emblemático cronógrafo, recuperando la esencia de una trayectoria que comenzó mucho antes de que la marca fuera reconocida mundialmente por sus escaparates en la Quinta Avenida.

La trayectoria de la casa en el mundo del tiempo se inició apenas una década después de su fundación en 1837, cuando operaba bajo el nombre de Tiffany, Young and Ellis en el número 259 de Broadway, en el bajo Manhattan. Fue en 1847 cuando Charles Lewis Tiffany, cofundador junto a John B. Young, comenzó a vender relojes al por menor en su segunda tienda de la misma avenida. En aquel entonces, la oferta consistía en piezas de procedencia europea, incluyendo relojes de mesa, de pared y de bolsillo, que cautivaron rápidamente a la clientela neoyorquina.

Ante la creciente demanda de relojes de alta precisión y factura elegante en Norteamérica, Charles Lewis Tiffany redobló su apuesta. A partir de 1853, tras asumir el control total de la firma, la rebautizó como Tiffany and Company, estableciendo el enfoque en el lujo y la alta joyería que define a la marca hasta la actualidad. El salto definitivo hacia la alta relojería se produjo en 1866 con el lanzamiento del Tiffany & Co. Timing Watch, un reloj de bolsillo destinado a eventos deportivos y al ámbito científico, el cual es reconocido hoy como el primer cronógrafo de la firma.

La evolución continuó en 1868, cuando la pieza pasó a llamarse Tiffany & Co. Timer y se inauguró un taller de montaje de relojes en Suiza. Sin embargo, el punto culminante ocurrió en 1874 con la apertura de una manufactura en Ginebra. En este centro de producción se elaboraron relojes con diversas complicaciones, tales como calendarios y cronógrafos, logrando patentes por innovaciones en el ajuste de las agujas y en los movimientos. Esto permitió la creación de cronógrafos de bolsillo con la complicación de split-second o rattrapante, un sistema de alta complejidad mecánica que emplea dos agujas de cronógrafo superpuestas que pueden separarse para registrar un tiempo parcial mientras la otra sigue midiendo, permitiendo así medir tiempos intermedios o eventos simultáneos.

A principios del siglo XX, la firma se consolidó como un referente de la fusión entre el diseño elegante y la precisión suiza. Un ejemplo de este prestigio ocurrió en 1912, cuando tres destacadas familias neoyorquinas encargaron un reloj de bolsillo personalizado para el capitán Arthur H. Rostron del RMS Carpathia, en agradecimiento por el rescate de 700 pasajeros tras el hundimiento del Titanic.

Para el año 2026, este legado se materializa en un nuevo modelo de pulsera limitado a solo 60 unidades. La pieza presenta una caja de platino pulido de 40 mm con líneas sinuosas y superficies redondeadas. Sus pulsadores curvados actúan como protectores de la corona, la cual posee una forma facetada que recrea el engaste Tiffany de seis puntas, típico de sus solitarios de diamantes. Las horas están marcadas por diamantes talla baguette, subrayando la maestría de la casa en el engaste de piedras preciosas.

El elemento más distintivo es su esfera lacada en el color Tiffany Blue, tono registrado como marca comercial y clasificado por Pantone como 1837 Blue, en honor al año de fundación de la firma. La fabricación de esta esfera es un proceso exhaustivo que requiere más de 50 horas de trabajo; la superficie de su base se pinta ocho veces con una capa de barniz mate hasta alcanzar el tono deseado y, tras pasar por el horno, se le aplican 15 capas de laca transparente, secándose cada una al aire libre.

En el reverso, un fondo de cristal de zafiro permite observar el rotor de cuerda calado, donde se encuentra esculpido a mano un pájaro de oro amarillo de 18 quilates de 1,4 cm de ancho, recreando el motivo del broche Bird on a Rock diseñado originalmente por Jean Schlumberger. En su interior, el reloj late gracias al calibre Zenith El Primero 400, reconocido por ser uno de los movimientos de cronógrafo automático de alta frecuencia más célebres del mundo desde su lanzamiento en 1969.

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