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UNIVERSIDADES EN LA MIRA: ¿Carreras más cortas para aliviar costos y modernizar la educación?

UNIVERSIDADES EN LA MIRA: ¿Carreras más cortas para aliviar costos y modernizar la educación?

Parlamentarios proponen acortar las carreras universitarias en Chile, apuntando a reducir costos para estudiantes y el Estado, y a modernizar la formación superior. La iniciativa, impulsada principalmente por las bancadas de la UDI y el PDG, busca adaptar el sistema educativo a las exigencias actuales del mercado laboral y a la realidad económica de las familias.

La jefa de bancada de la UDI, Flor Weisse, argumenta que las carreras universitarias en Chile son excesivamente largas y costosas , superando en duración a las de países desarrollados como los de Europa en un promedio de dos años. Esa brecha nos obliga a preguntarnos si realmente estamos formando mejor o simplemente más largo , señaló a EL DÍNAMO. La propuesta de la UDI incluye la creación de una comisión asesora ministerial para evaluar la viabilidad de acortar las carreras, considerando la experiencia internacional y los estándares de la OCDE.

Desde el PDG, se ha enviado un petitorio al Consejo de Rectores de las Universidades Chilenas (CRUCH) y a la Corporación de Universidades Privadas (CUP) para abrir un debate estructural sobre la formación superior. La propuesta se centra en la revisión de las mallas curriculares y la eliminación o ajuste de asignaturas redundantes, buscando optimizar los tiempos de titulación sin comprometer la calidad de la formación.

La diputada Weisse destaca que la reducción de la duración de las carreras significaría un alivio económico para los estudiantes y sus familias, y permitiría un uso más eficiente de los recursos públicos, especialmente en el contexto de las políticas de gratuidad. Además, enfatiza el beneficio de una inserción más temprana de los jóvenes al mercado laboral.

El Ministerio de Educación ha manifestado su disposición a estudiar la propuesta, reconociendo que la discusión se alinea con sus propios esfuerzos por modernizar la oferta académica. El presidente de la Comisión de Educación, el diputado Sergio Bobadilla, ha planteado la posibilidad de trabajar en conjunto con universidades y expertos para abordar el tema, a través de una comisión asesora ministerial que incluya a rectores, estudiantes, académicos, profesores y expertos.

Bobadilla también enfatizó la importancia de discutir la empleabilidad y el futuro de ciertas carreras, considerando el avance de la tecnología y la Inteligencia Artificial, que podrían volver obsoletas algunas profesiones en el mediano plazo. Weisse coincide en que este debate abre la puerta a una modernización más amplia del sistema educativo, incluyendo el fortalecimiento de la educación técnico-profesional y el avance en sistemas de educación continua.

Sin embargo, la propuesta no está exenta de críticas y cautelas. La vicerrectora académica de la USACH, Leonora Mendoza, advierte que la duración de las carreras no puede resolverse únicamente por comparación con otros países o por razones económicas. En Chile cualquier modificación debe partir por una revisión seria de los perfiles de egreso, de las competencias que requiere cada profesión y de la evidencia acumulada por las propias instituciones. Acortar una carrera solo tiene sentido si permite formar mejor, no simplemente titular más rápido , aseveró.

Mendoza subraya que no todas las carreras admiten el mismo tipo de ajuste, ya que cada una responde a diferentes requerimientos formativos y vínculos con el entorno profesional.

El antropólogo del IES, Pablo Ortúzar, señala que existe un número creciente de cesantes ilustrados en Chile, y que las carreras con bajo retorno laboral, que representan un 40% de la oferta general, concentran la mayoría de la matrícula. Mantener las cosas como están es caro, injusto e injustificable , afirma. Ortúzar destaca que la reducción de la duración de las carreras permitiría liberar recursos para concentrarlos en las etapas previas de la formación, racionalizar las mallas universitarias y facilitar un mejor empalme con el mercado laboral.

José Joaquín Brunner, director del Doctorado en Educación Superior de la UDP, advierte que la reducción de la duración de las carreras no es una tarea sencilla, ya que depende de la arquitectura de los grados y títulos, del nivel de los egresados de secundaria, del desarrollo de las disciplinas de base y de las necesidades del mundo ocupacional.

Valentina Gran, directora ejecutiva de Fundación por una Carrera, propone que la discusión no se centre solo en acortar las carreras, sino en definir hacia dónde se quiere llevar el sistema educativo. Gran enfatiza la importancia de avanzar hacia una lógica de aprendizaje a lo largo de la vida, donde las personas puedan actualizarse o reconvertirse en diferentes momentos de su trayectoria.

Ortúzar también destaca la necesidad de evitar que las universidades se conviertan en think tanks o cuarteles de invierno para grupos políticos, y de ofrecer una formación que no esté ideológicamente sesgada. En cuanto a la experiencia internacional, señala que muchos países tienen pregrados más cortos que el nuestro, pero que es clave adaptar las soluciones a la realidad chilena.

Gran destaca que en Europa se han estructurado carreras en ciclos más cortos, lo que permite una inserción laboral más temprana o la continuación de procesos de especialización. También existen modelos que integran mejor la formación con la experiencia práctica en empresas, y sistemas más flexibles que facilitan el tránsito entre la formación técnica y universitaria.

Sin embargo, Gran advierte que si se acortan las carreras sin fortalecer los programas de nivelación, existe el riesgo de que estudiantes con trayectorias escolares más débiles queden rezagados, profundizando las desigualdades existentes.

La discusión sobre la duración de las carreras universitarias en Chile se presenta como un debate complejo y multifacético, que involucra consideraciones económicas, pedagógicas, laborales y sociales. La propuesta de acortar las carreras, si bien busca modernizar el sistema educativo y aliviar la carga económica para estudiantes y el Estado, requiere un análisis cuidadoso y una implementación estratégica para garantizar la calidad de la formación y la empleabilidad de los egresados.

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