El Salvador vive una paradoja: la mejora en los niveles de seguridad, lograda a través de medidas drásticas implementadas por el gobierno del presidente Nayib Bukele, se está produciendo a costa del deterioro de la democracia y el respeto a la ley, según defensores de los derechos humanos. A pesar de las críticas, el gobierno de Bukele goza de un amplio respaldo ciudadano, que parece dispuesto a sacrificar libertades individuales en pos de la tranquilidad.
Medidas como el régimen de excepción, vigente desde marzo de 2022, y las recientes reformas constitucionales que permiten la cadena perpetua desde los 12 años por delitos graves como homicidio, feminicidio y violación, han sido ampliamente aceptadas por la población, al menos hasta que no toca a alguien cercano o a un familiar , señala Abraham Ábrego, miembro de la ONG Cristosal, una organización de derechos humanos crítica con Bukele que opera desde el exilio en Guatemala desde el verano de 2025.
Ábrego explica que la demanda de medidas drásticas no es nueva en El Salvador. Recuerda que durante la presidencia de Francisco Flores (1999-2004) el plan mano dura gozó de popularidad, al igual que el super mano dura implementado por Elías Antonio Saca (2004-2009). Lo de demandar medidas drásticas ya lo hemos visto. Los partidos políticos a menudo las proponen porque tienen réditos electorales, es muy popular , afirma. Ambos planes, aunque buscaban controlar a las pandillas mediante operativos conjuntos entre la policía y el ejército, finalmente fracasaron en erradicar el problema, permitiendo que los grupos criminales continuaran creciendo y expandiendo su control territorial.
El contexto salvadoreño es complejo, según Juan Ramón Maldonado, director de la Escuela de Comunicación de la Universidad Don Bosco y analista político. Los salvadoreños no hemos sido educados para entender la Constitución, nuestros derechos y libertades. Entonces, lo que la gente quiere es vivir su día a día y ese día a día ahora es bajo un ambiente seguro, de resultados , explica a CNN.
Muchos salvadoreños aseguran haber dejado de ser víctimas de extorsión y poder transitar libremente por el territorio sin temor a ser asaltados o asesinados, o al menos con una menor probabilidad de que esto ocurra. Esta sensación de seguridad es el principal argumento para justificar las medidas implementadas por Bukele.
En El Salvador no tenemos cultura de paz. Vivimos el autoritarismo militar, una guerra civil y la crisis por las pandillas. Por eso ahora que tenemos estos altos niveles de seguridad la gente no valora aspectos como la democracia , sostiene Maldonado.
Los resultados de la política de seguridad de Bukele son evidentes en las cifras. El régimen de excepción ha permitido, según el gobierno, la captura de más de 91.000 personas, aunque más de 7.000 fueron liberadas posteriormente al comprobarse que no tenían vínculos con pandillas. Un gran número de detenidos aún esperan juicio. Las autoridades afirman que El Salvador ha pasado de ser uno de los países más violentos del hemisferio a uno de los más seguros.
Sin embargo, estas medidas han sido duramente criticadas por organizaciones internacionales como Amnistía Internacional y Human Rights Watch, que denuncian violaciones a los derechos humanos y casos de tortura, acusaciones que la administración Bukele rechaza categóricamente.
Se ha notado la diferencia , afirma Miguel Ángel Rodríguez, un residente de San Salvador, quien apoya las medidas implementadas por el presidente Bukele mientras camina por el centro histórico de la capital. Encuestas realizadas por el Instituto Universitario de Opinión Pública de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas y de Crisis Group confirman el apoyo ciudadano a las políticas de seguridad.
El régimen de excepción, que ya lleva cuatro años en vigor, suspende garantías constitucionales, extiende la detención provisional de 72 horas a 15 días y permite al Estado intervenir en las telecomunicaciones sin autorización judicial.
Las reformas constitucionales, que permiten la cadena perpetua desde los 12 años por delitos como homicidio, feminicidio y violación, también cuentan con respaldo, aunque no unánime.
Estar rehabilitando a una persona creo que sería lo correcto, pero lastimosamente aquí en el país ya se trató de esa manera y se llegó a un caso que hubo más violencia , explica Rodríguez, refiriéndose a los programas gubernamentales y privados implementados en el pasado para la reinserción de pandilleros, los cuales no lograron los resultados esperados.
Ana Reyes, otra ciudadana salvadoreña, expresa su desacuerdo con las nuevas reformas: Eso para mí no está bien. Hay otros métodos, porque no tiene que ser así .
La administración de justicia en El Salvador también ha sido objeto de críticas. El juicio masivo contra casi 500 presuntos pandilleros, celebrado la semana pasada, generó cuestionamientos entre organizaciones de derechos humanos sobre las garantías de acceso a la defensa legal y la imparcialidad del proceso. Las imágenes de los acusados rapados, vestidos de blanco y apiñados en el mismo penal, levantaron alarmas.
Bukele respondió a estas críticas con firmeza, defendiendo el proceso y comparándolo con los Juicios de Núremberg, en los que los líderes nazis fueron juzgados por crímenes de guerra y contra la humanidad tras la Segunda Guerra Mundial. En su defensa, Bukele argumentó que los acusados no eran presuntos pandilleros para sus víctimas ni civiles para las comunidades que vivieron bajo su control durante décadas.
Nosotros no inventamos ese principio. Se llama responsabilidad de mando , y se aplicó en Europa durante los Juicios de Núremberg , escribió Bukele en sus redes sociales.
La administración de Bukele ha manifestado su intención de continuar con estas medidas, a pesar de las críticas locales e internacionales, respaldada por su alta popularidad. Desde que asumió el poder en 2019, San Salvador, que en 2016 llegó a registrar casi un homicidio por hora, se ha transformado en una ciudad habitable nuevamente. Muchos salvadoreños que habían emigrado en busca de paz han regresado e incluso han podido reabrir sus negocios.










