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AMAZONÍA EN SILENCIO: Degradación avanza pese a controles de deforestación

AMAZONÍA EN SILENCIO: Degradación avanza pese a controles de deforestación
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Un estudio reciente publicado en la revista PNAS revela que, si bien las políticas implementadas para reducir la deforestación en la Amazonía brasileña han mostrado resultados positivos en la disminución de la tala, no han logrado frenar la degradación forestal, un problema igualmente grave pero menos visible. Esta degradación, causada por incendios, extracción de madera, fragmentación y efectos de borde, está dejando a las áreas boscosas restantes más frágiles y menos eficientes en su capacidad para proteger el clima y mantener la biodiversidad.

La diferencia clave entre deforestación y degradación es fundamental. La deforestación implica la eliminación completa de la cobertura forestal, mientras que la degradación se refiere al debilitamiento del bosque mientras permanece en pie. En la práctica, esto significa que una zona puede aparecer verde en los mapas, pero ya ha perdido calidad ecológica, volviéndose más susceptible a sequías, incendios y con una menor capacidad para almacenar carbono.

Durante años, el debate ambiental en Brasil se ha centrado principalmente en el avance de la deforestación, una preocupación que sigue siendo válida dada su conexión con la pérdida de biodiversidad, las emisiones de carbono y las alteraciones en los patrones de lluvia. Sin embargo, el nuevo estudio advierte que la conservación no puede limitarse a la prevención de la tala.

La degradación opera como una pérdida silenciosa, un proceso gradual en el que el bosque pierde calidad ecológica sin desaparecer de inmediato. Árboles mueren, los bordes del bosque se vuelven más cálidos y secos, facilitando la propagación de incendios, y la fauna pierde su hábitat y fuente de alimento. Este proceso puede disminuir la resiliencia de la Amazonía, especialmente en años de sequía o temperaturas extremas.

El estudio evaluó la efectividad de políticas públicas y privadas destinadas a controlar la deforestación, incluyendo iniciativas relacionadas con la producción de soja, la ganadería y municipios prioritarios. Los resultados indican que, aunque estas políticas han logrado reducir la tasa de tala, no han abordado adecuadamente los factores que contribuyen a la degradación.

Entre los principales mecanismos de degradación identificados se encuentran los incendios forestales, la extracción ilegal de madera, la fragmentación del bosque debido a la expansión agrícola y la infraestructura, y los efectos de borde, que se refieren a los cambios ambientales que ocurren en los límites entre el bosque y las áreas deforestadas o alteradas.

Este hallazgo cambia la perspectiva sobre la conservación de la Amazonía. Una política puede ser efectiva para evitar la tala de nuevos árboles, pero puede fallar si no se abordan simultáneamente los problemas de incendios, extracción ilegal de madera y presión sobre las áreas ya degradadas. Por lo tanto, los autores del estudio recomiendan que los gobiernos y las empresas comiencen a medir y monitorear la degradación forestal, además de la deforestación.

La degradación tiene un impacto directo sobre el clima, ya que reduce la capacidad del bosque para almacenar carbono. Cuando los árboles mueren o pierden biomasa, parte de ese carbono se libera a la atmósfera, contribuyendo al cambio climático. El problema es que estas pérdidas de carbono no siempre se reflejan con precisión en los inventarios de emisiones, que suelen centrarse en la eliminación completa de la cobertura vegetal.

Además, la degradación afecta el funcionamiento interno del bosque. Las áreas degradadas tienden a ser más cálidas, más secas y más vulnerables a nuevos incendios, creando un ciclo peligroso en el que el bosque debilitado se quema con mayor facilidad y el fuego, a su vez, agrava la degradación.

El estudio destaca la necesidad de un enfoque más integral para la conservación de la Amazonía, que vaya más allá de la simple prevención de la deforestación y aborde los factores que contribuyen a la degradación forestal. Esto implica fortalecer la aplicación de las leyes ambientales, promover prácticas de manejo forestal sostenible, invertir en la prevención y control de incendios, y fomentar la restauración de áreas degradadas.

La investigación subraya que la Amazonía puede parecer preservada a simple vista, pero una parte significativa del bosque que permanece en pie ya ha perdido funciones ecológicas importantes. Esta pérdida silenciosa de calidad ecológica amenaza la capacidad de la Amazonía para regular el clima, mantener la biodiversidad y proporcionar servicios ambientales esenciales.

En conclusión, el estudio advierte que la lucha contra la deforestación debe ir acompañada de esfuerzos para combatir la degradación forestal, con el fin de garantizar la salud y la resiliencia a largo plazo de la Amazonía brasileña. La medición y el monitoreo de la degradación, junto con la implementación de políticas integrales, son cruciales para proteger este ecosistema vital y mitigar los efectos del cambio climático.

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