Un estudio de la Universidad de Chile identifica la inflamación de bajo grado como un mecanismo compartido en patologías crónicas, abriendo nuevas vías para la prevención a través de la nutrición y el estilo de vida. La investigación, publicada en la prestigiosa revista Physiology, destaca la importancia de abordar este proceso inflamatorio subclínico para reducir la creciente carga global de enfermedades crónicas.
La inflamación, en su origen, es una respuesta vital del organismo ante estímulos dañinos o patógenos, un mecanismo homeostático esencial para la reparación de tejidos y la defensa contra agresiones externas. Sin embargo, cuando este desencadenante persiste en el tiempo o los mecanismos biológicos reguladores fallan, se establece lo que se conoce como inflamación crónica de bajo grado (LGCI), un estado sistémico, subclínico y prolongado que puede afectar a diversos tejidos y órganos, incluyendo el tejido adiposo y el sistema cardiovascular.
El estudio liderado por la Dra. Mariana Cifuentes, académica del Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos (INTA) de la Universidad de Chile, profundiza en la comprensión de este proceso. La investigación revela que el crecimiento excesivo de las células grasas, o adipocitos, se asocia a condiciones de hipoxia y estrés celular. Estas condiciones, a su vez, favorecen el reclutamiento de macrófagos, células del sistema inmunitario, y la liberación de citoquinas proinflamatorias, contribuyendo a un estado inflamatorio que impacta negativamente en el metabolismo general del organismo.
La conexión entre la inflamación crónica y el cáncer también es un foco central del estudio. El microambiente inflamatorio, según la investigación, puede favorecer procesos vinculados al desarrollo del cáncer, incluyendo la supervivencia celular y la progresión tumoral. La inflamación constante puede proporcionar a las células cancerosas las señales necesarias para crecer, dividirse y sobrevivir, además de dañar las células normales, aumentando la probabilidad de que surjan células con potencial cancerígeno. Asimismo, la inflamación crónica en la zona de un tumor puede inhibir la acción del sistema inmunitario encargado de eliminar las células cancerosas, protegiendo así a las células tumorales de las defensas del organismo.
En el ámbito cardiovascular, la revisión científica señala que la aterosclerosis, una de las principales causas de enfermedades cardíacas, presenta un componente inflamatorio clave. Mecanismos como el inflamasoma NLRP3, un complejo multiproteico intracelular que actúa como sensor de señales de daño y activa la maduración de citoquinas proinflamatorias, juegan un papel fundamental en este proceso. La inflamación contribuye a la formación de placas ateroscleróticas en las arterias, estrechándolas y dificultando el flujo sanguíneo.
Otro aspecto relevante analizado en el estudio es el rol de la barrera intestinal. La alteración de esta barrera puede permitir el paso de componentes bacterianos al torrente sanguíneo, lo que contribuye a mantener el estímulo inflamatorio y perpetuar el ciclo de inflamación crónica. Una dieta rica en alimentos procesados y baja en fibra puede comprometer la integridad de la barrera intestinal, favoreciendo la inflamación sistémica.
La relevancia científica de este trabajo radica en su capacidad para integrar evidencia sobre diversas enfermedades bajo un marco fisiopatológico común. La identificación de la LGCI como un proceso compartido abre la posibilidad de abordar múltiples enfermedades desde estrategias comunes de prevención e intervención. Intervenciones enfocadas en mitigar la inflamación crónica, ya sea a través de la nutrición, el estilo de vida o fármacos específicos, han sido propuestas como líneas de investigación y potencial abordaje clínico, lo que podría influir en la prevención y el tratamiento de enfermedades como la diabetes, las patologías cardiovasculares y algunos tipos de cáncer.
Sin embargo, el estudio también advierte sobre las brechas de conocimiento actuales. Los autores señalan la necesidad de desarrollar biomarcadores clínicos más sensibles y específicos que permitan medir la inflamación de bajo grado en la práctica médica, ya que los indicadores actuales no siempre capturan la complejidad de este estado. Detectar la inflamación silenciosa antes de que cause daños irreversibles es un desafío importante para la medicina moderna.
En este sentido, la nutrición juega un papel crucial. Una alimentación equilibrada, rica en frutas, verduras y otros alimentos naturales, y que evite los productos ultraprocesados, se asocia a menores grados de inflamación. Asimismo, la evidencia científica respalda la importancia de evitar el picoteo constante y las comidas tardías, ya que estos hábitos pueden contribuir a la producción de señales inflamatorias.
"Cuando las moléculas asociadas a la inflamación están presentes de forma crónica, lo que originalmente sirve para reparar tejidos se transforma en una ayuda para el crecimiento de células cancerosas, dándoles la señal de que tienen que crecer, dividirse y sobrevivir", explica Carla Vásquez, investigadora del INTA de la Universidad de Chile. "Además, la inflamación constante puede dañar las células normales, haciendo que aumente la posibilidad de que surjan células que pueden generar cáncer".
La detección temprana de la inflamación crónica es un desafío complejo, ya que en la actualidad no se cuenta con herramientas adecuadas y simples para identificar este estado silencioso. Sin embargo, la identificación de factores de riesgo, como el exceso de grasa corporal acumulada en la zona de la cintura y una alimentación con exceso de calorías y productos no saludables, puede proporcionar una idea del riesgo y permitir tomar medidas preventivas antes de que sea necesario recurrir a exámenes sofisticados.
La investigación de la Dra. Cifuentes y su equipo representa un avance significativo en la comprensión de la inflamación crónica y su impacto en la salud pública. Al identificar un mecanismo común subyacente a diversas enfermedades crónicas, se abren nuevas oportunidades para el desarrollo de estrategias de prevención y tratamiento más efectivas, con el objetivo de mejorar la calidad de vida de la población y reducir la carga global de enfermedades crónicas.












