El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, reveló recientemente haber sido tratado por cáncer de próstata, tras una cirugía previa por hiperplasia prostática benigna. La revelación, inicialmente retrasada para evitar propaganda iraní en medio de la escalada bélica, se suma a un historial de problemas de salud que incluyen la implantación de un marcapasos en 2023 debido a una afección cardíaca. Netanyahu insiste en gozar de excelente salud, pero su historial médico, oculto durante años, contradice esa afirmación.
Esta situación se replica en otros líderes clave del conflicto en Medio Oriente. Donald Trump, de 79 años, presenta síntomas como extremidades hinchadas y episodios de somnolencia en público, generando especulaciones sobre su estado físico y mental, aunque la Casa Blanca minimiza estas preocupaciones. En Irán, el nuevo líder supremo, Mojtaba Jamenei, se recupera de graves heridas faciales y en las piernas sufridas en un ataque aéreo que costó la vida a su padre, Alí Jamenei. Fuentes indican que Jamenei ha sido sometido a múltiples cirugías y podría requerir prótesis, además de cirugía plástica reconstructiva.
El acceso a Jamenei es ahora extremadamente restringido, y su paradero ha sido objeto de especulaciones, incluyendo informes sobre un traslado secreto a Moscú. Mientras tanto, Netanyahu no ha publicado informes médicos anuales desde 2016, a pesar de los protocolos israelíes que lo exigen. La salud de estos líderes, envuelta en secretismo y controversia, plantea interrogantes sobre su capacidad para tomar decisiones cruciales en un contexto de conflicto global.
Suscríbete a Noticias lat para más noticias.










