David López, el joven prodigio guatemalteco de 11 años, se prepara para competir en la International Greenwich Olympiad (IGO) en el Reino Unido, demostrando que la curiosidad infantil puede llevar a logros extraordinarios. Su historia comenzó a los 5 años, con una simple pregunta sobre el signo de raíz cuadrada, una inquietud que lo impulsó a aprender las tablas de multiplicar por su cuenta y que hoy lo coloca en el escenario internacional.
David, conocido cariñosamente como el niño prodigio de Guatemala, compartió su experiencia en una visita al set de Publinews, revelando cómo su sed de conocimiento lo ha llevado de las preguntas en casa a representar a su país en competencias globales. La IGO, organizada por la North London Grammar School, reúne a jóvenes talentos en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, y David participará en la categoría de storytelling STEM, donde la ciencia se explica a través de historias.
Su clasificación como finalista se obtuvo tras presentar una propuesta inicial convincente, y ahora se prepara para la fase final, que se llevará a cabo en línea a través de Zoom. El desafío será considerable: David tendrá solo tres minutos para exponer su proyecto ante un jurado internacional, seguido de una sesión de preguntas y respuestas sobre el contenido y su base científica. La presentación, programada para la madrugada del 16 de mayo (hora de Guatemala) debido a la diferencia horaria, se complicará aún más por el hecho de que David deberá realizarla completamente en inglés, un idioma que no es su lengua materna.
Para superar esta barrera, David ha dedicado los últimos dos años a tomar clases privadas de inglés, complementando su formación en astrobiología, lo que le ha permitido fortalecer el contenido científico de su propuesta. Sin embargo, su impacto va más allá de la competencia individual. David es el impulsor del Club Constelación Quetzal, un espacio gratuito dedicado al aprendizaje de ciencia para niños y adolescentes.
El proyecto, que comenzó en 2025 como un plan piloto, ha experimentado un crecimiento notable. Inicialmente, los cursos contaron con 100 participantes, incluso niños de edades muy tempranas. Actualmente, el club ha recibido solicitudes de 400 aspirantes, incluyendo a un niño de tan solo 2 años. Las actividades del club incluyen clases virtuales, talleres prácticos y observaciones astronómicas, buscando despertar el interés por la ciencia en las nuevas generaciones.
Además de su labor en Constelación Quetzal, David participa en el proyecto Hail Mary, una iniciativa internacional inspirada en la novela de Andy Weir, que busca que estudiantes trabajen en soluciones reales para la exploración espacial. En Guatemala, 12 niños del club están involucrados en este desafío, que consiste en diseñar y construir un prototipo de nave capaz de operar en microgravedad.
El equipo guatemalteco se enfoca en generar gravedad artificial mediante rotación, utilizando la fuerza centrífuga para simular las condiciones necesarias para misiones espaciales de larga duración. Este proyecto, que reúne a equipos de diferentes países, promueve el aprendizaje en áreas como física, ingeniería y diseño espacial, y cuenta con el respaldo de la Asociación Guatemalteca de Ingeniería y Ciencias Espaciales (AGICE) y el NOC Guatemala para la IAU. El equipo ganador tendrá la oportunidad de probar su prototipo en condiciones reales de microgravedad en Francia, con todos los gastos cubiertos para el docente líder.
La creatividad de David también se manifiesta en su faceta como escritor. Ha publicado el libro ¡Mi Universo! , un recorrido por el sistema solar diseñado para acercar la ciencia a los niños. El libro está disponible en Telescopiosgt, Kishibooks y Niko & Nini, y David ya está trabajando en una nueva publicación. Además, ha desarrollado un calendario astronómico digital, demostrando su compromiso con la divulgación científica.
En 2025, David fue reconocido como uno de los 100 niños prodigio del mundo, un reconocimiento a su talento y dedicación. A pesar de sus logros y premios, David se mantiene humilde y enfocado en aprender y compartir sus conocimientos. También participa en iniciativas como el NASA Space Apps Challenge junto a otros niños del Club Constelación Quetzal y de Latinoamérica, y es el estudiante más joven del diplomado en Astronomía de la Universidad Galileo.
Durante su conversación, David no mencionó la presión ni la competencia, sino que enfatizó la importancia de aprender, imaginar y seguir preguntando. Su historia es un testimonio del poder de la curiosidad y la pasión por el conocimiento, una inquietud que comenzó con una simple pregunta y que hoy lo impulsa a mirar más allá de los límites. Mientras se prepara para su presentación ante el jurado internacional, David continúa haciendo lo que lo ha llevado hasta aquí: preguntar, imaginar y convertir esas ideas en nuevos proyectos que ya están tomando forma.
A pesar de su inmersión en el mundo de la ciencia, David no ha perdido su niñez y sigue disfrutando de sus juegos favoritos, como Pokémon. Su historia es un ejemplo inspirador de cómo la pasión por el conocimiento puede coexistir con la alegría de ser niño, y cómo la curiosidad puede abrir puertas a un futuro lleno de posibilidades.












