El presidente Donald Trump anunció este sábado la cancelación del viaje de sus emisarios a Islamabad, Pakistán, para conversar con representantes de Irán, aunque aclaró que esta decisión no implica una inminente reanudación de las hostilidades. La medida se produce tras la conclusión de una visita del canciller iraní, Abás Araqchi, a Pakistán, país que ha estado mediando entre Teherán y Washington en un intento de reavivar el diálogo iniciado hace dos semanas.
El conflicto, desencadenado por un ataque conjunto de Estados Unidos e Israel contra Irán el 28 de febrero, ha causado miles de muertos, principalmente en Irán y Líbano, y ha generado inestabilidad en la economía global. Un alto al fuego, vigente desde el 8 de abril y prorrogado unilateralmente por Estados Unidos, se mantiene en la zona. Originalmente, se esperaba que Steve Witkoff y Jared Kushner, yerno de Trump, viajaran a Islamabad este sábado para continuar las negociaciones.
Sin embargo, Trump justificó la cancelación a través de su plataforma Truth Social, argumentando que el viaje implicaba demasiado tiempo perdido viajando, demasiado trabajo . A pesar de ello, dejó abierta la posibilidad de futuras negociaciones, indicando que Irán puede iniciar el contacto si lo desea. Al ser consultado sobre si la cancelación significaba una escalada del conflicto, Trump respondió negativamente, afirmando que todavía no lo hemos pensado .
Araqchi, por su parte, se reunió en Islamabad con el jefe del ejército pakistaní, Asim Munir, y el primer ministro, Shehbaz Sharif, exponiendo las posiciones de Irán sobre el alto al fuego y el fin de la guerra. Posteriormente, viajó a Omán y luego a Moscú. El portavoz de la cancillería iraní, Esmail Baqai, confirmó que no hay prevista ninguna reunión entre Irán y Estados Unidos. Araqchi expresó dudas sobre la seriedad de Estados Unidos en materia diplomática.
La situación en el estrecho de Ormuz sigue siendo tensa, con bloqueos impuestos por Irán y Estados Unidos, afectando el tráfico marítimo de petróleo y gas natural licuado. Los Guardianes de la Revolución iraníes consideran el control de este estrecho como una estrategia clave en su conflicto con Washington.
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