Jorge Cubillos y otros siete colombianos se encuentran atrapados en la República Democrática del Congo tras ser deportados desde Estados Unidos, una situación que ha generado angustia y una desesperada petición de ayuda al gobierno colombiano. Cubillos, quien llevaba ocho años en Estados Unidos buscando una vida mejor tras años trabajando como camionero en Colombia, vio su sueño desmoronarse cuando, a pesar de tener protecciones legales, fue deportado bajo las políticas migratorias más restrictivas de la administración Trump.
La historia de Cubillos refleja la de miles de colombianos en Estados Unidos: un arduo trabajo, cumplimiento de obligaciones fiscales y un permiso de trabajo válido. Sin embargo, a principios de año, su caso fue revisado y se le notificó una orden de deportación activa, a pesar de contar con un withholding of removal , una protección legal que, según las autoridades, ya no aplicaba.
El proceso de detención y deportación fue descrito por Cubillos como una pesadilla. Tras ser capturado por el ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas), fue trasladado a varios centros de detención en Florida, Luisiana y Virginia, donde enfrentó condiciones difíciles y constantes traslados, a menudo encadenado, sin una explicación clara de lo que estaba sucediendo. Durante su detención, intentó apelar la deportación a través de un habeas corpus, pero al mismo tiempo, el ICE ejerció presión para que aceptara ser enviado a un tercer país, primero México y luego, sorprendentemente, África.
El pasado 17 de abril, la amenaza se materializó. Cubillos fue trasladado a Luisiana y luego a Alexandria, Virginia, donde fue subido a un avión junto a otros 26 migrantes, 15 suramericanos y 11 africanos, todos encadenados durante un vuelo de 25 horas. El destino final: la República Democrática del Congo, un país a más de 10.000 kilómetros de Bogotá.
Fue desconcertante. Había amenazas previas, pero uno no lo creía. Cuando se confirma, el miedo es inmediato: nos enviaban a otro continente, a un país desconocido, sin notificación previa ni condiciones básicas. Ni siquiera nos habían vacunado contra la fiebre amarilla antes del viaje , relató Cubillos a SEMANA, describiendo el momento en que se dieron cuenta de la magnitud de la situación.
Este caso se enmarca en una política reciente y controvertida implementada bajo la administración Trump, que consistía en deportar migrantes a terceros países. En este caso, se llegó a un acuerdo con el gobierno congoleño para recibir a un grupo reducido de personas expulsadas de Estados Unidos.
Los colombianos deportados no podían ser enviados de regreso a Colombia debido a que habían solicitado asilo o contaban con mecanismos de protección legal que impedían su devolución al país por temor a represalias. Sin embargo, estas protecciones no les impedían ser trasladados a un tercer país.
El viaje fue largo y tortuoso, con escalas en Senegal y Ghana, donde se bajaron a los migrantes africanos. Finalmente, llegaron a la República Democrática del Congo de madrugada, prácticamente abandonados, sin representación de ningún gobierno. Fueron recibidos por una organización local que les brindó alojamiento, comida y acompañamiento.
Sin embargo, la situación sigue siendo precaria. Los colombianos deportados han comenzado a enfermar debido al cambio de clima y alimentación. Aunque han recibido atención médica, la incertidumbre sobre su futuro es palpable. La organización que los asiste está intentando coordinar con el gobierno colombiano, y la Cancillería ha establecido contacto, pero el principal problema es que Cubillos y los demás salieron de Colombia por razones de seguridad, y ahora se enfrentan a la posibilidad de regresar a un país donde podrían estar en riesgo.
La República Democrática del Congo es un país marcado por la inestabilidad política, la violencia y una crisis humanitaria crónica. Masacres, amenazas, asesinatos, secuestros, desplazamientos forzados y violencia sexual son peligros frecuentes. Los colombianos deportados se encuentran actualmente en un hotel vigilado, donde se sienten como detenidos, aunque tienen acceso a sus teléfonos celulares. No pueden salir libremente y solo han sido sacados una vez en siete días debido a la inseguridad en el exterior.
Estamos en un hotel, en unas instalaciones vigiladas. Nos sentimos como detenidos, pero con celular. No podemos salir; en siete días solo nos han sacado una vez. Afuera hay mucha inseguridad y pobreza. Es un país que no conocemos: no manejamos el idioma ni la comida, no sabemos cómo movernos. Tampoco tenemos recursos para estar por nuestra cuenta, así que dependemos de lo que nos brindan. Nuestra rutina es esperar a que el proceso avance y que se nos dé una solución. Cada uno tiene un caso distinto, pero todos necesitamos que esto se resuelva de la mejor manera , explicó Cubillos.
Los demás colombianos deportados se encuentran en la misma situación, en contacto constante con las autoridades colombianas y buscando ayuda legal. Algunos están revisando sus casos con abogados para determinar qué opciones tienen disponibles.
La familia de Cubillos permanece en Estados Unidos, preocupada por su situación. Es lo más difícil. Mi esposa se afectó mucho al principio. Estuve cuatro meses detenido en Estados Unidos, pero al menos estaba más cerca. Ahora estoy muy lejos y la incertidumbre es mayor. Ella está en Estados Unidos tratando de organizar todo para que hagamos las cosas bien , concluyó Cubillos, haciendo un llamado al gobierno colombiano para que le brinde apoyo para viajar a un país donde él y su familia puedan estar juntos y seguros. La situación de estos colombianos en el Congo pone de manifiesto las consecuencias de las políticas migratorias más restrictivas y la necesidad de una respuesta humanitaria y efectiva para proteger los derechos de los migrantes.









