El maltrato infantil continúa siendo una grave problemática en el Perú, dejando secuelas profundas en el desarrollo cognitivo, emocional y físico de las víctimas. A pesar de los esfuerzos por visibilizar y combatir este flagelo, las cifras revelan un preocupante subregistro y una alarmante tendencia al alza, especialmente entre las niñas. Con motivo del Día Internacional de la Lucha contra el Maltrato Infantil, el Instituto Nacional de Salud del Niño San Borja (INSNSB) ha encendido las alertas sobre la persistencia de esta violencia, que se manifiesta en diversas formas: físico, psicológico y abuso sexual.
Durante el primer trimestre de 2026, el Módulo de Atención al Maltrato Infantil y del Adolescente en Salud (MAMIS) del INSNSB atendió 68 casos de menores víctimas de maltrato, de los cuales un preocupante 69% correspondía a niñas y el 31% a niños. Esta proporción se mantiene similar a la del año 2025, cuando se brindó atención a 274 menores, con un 67% de niñas y un 33% de niños. Los datos evidencian una clara vulnerabilidad de las niñas ante diferentes formas de violencia, lo que exige una atención prioritaria y estrategias de prevención específicas.
Uno de los aspectos más preocupantes es el subregistro de casos. Investigadoras del MAMIS advierten que por cada denuncia presentada, existen aproximadamente 75 casos que permanecen ocultos, perpetuando el ciclo de violencia y dejando a las víctimas sin la protección y el apoyo que necesitan. Esta situación se debe, en gran medida, a la incapacidad de las víctimas para denunciar, ya sea por miedo, verg enza o falta de confianza en las autoridades.
El psiquiatra Carlos Bromley enfatiza que el maltrato, en cualquiera de sus formas, genera sufrimiento y consecuencias negativas en la vida de los niños, niñas y adolescentes. El impacto de la violencia depende de la gravedad de la agresión, su frecuencia, el vínculo con el agresor y el apoyo que la víctima pueda recibir. Puede afectar su salud física y emocional, interfiriendo en su desarrollo y debilitando su autoestima. En sus manifestaciones más extremas, puede provocar lesiones graves o incluso la muerte. Además, crecer en entornos violentos puede llevar a su normalización y a la reproducción del maltrato, la negligencia y la humillación en interacciones y relaciones con los demás , explica el especialista.
Si bien es posible mitigar las consecuencias del maltrato con un acompañamiento adecuado, el enfoque principal debe estar en la prevención, evitando que la violencia ocurra en primer lugar. Bromley subraya la importancia de apoyar a las familias en la crianza, ya que las prácticas violentas suelen ser aprendidas por los adultos y transmitidas a los niños. En este sentido, el deterioro actual de las políticas públicas de infancias y adolescencias en el país limita los esfuerzos de previsibilidad y protección.
El caso de S.R.F.M., una bebé de apenas un mes de vida procedente de Nuevo Chimbote (Ancash), es un ejemplo desgarrador de la crueldad que pueden sufrir los niños. La menor fue referida al INSN San Borja en estado crítico, presentando múltiples fracturas en brazos, fémur, pierna y costillas, además de traumatismo encefalocraneano, hematomas, microhemorragias oculares, deshidratación y anemia. Gracias a la atención integral y multidisciplinaria brindada por los especialistas de la Unidad de Cuidados Intensivos de Neurocirugía y el equipo MAMIS, la bebé logró estabilizarse y se ha convertido en un símbolo de lucha contra la violencia infantil.
El INSN San Borja, como centro de referencia nacional, identifica y atiende casos de maltrato infantil detectados en consulta externa, hospitalización, emergencia, así como aquellos derivados de juzgados, fiscalías y el Centro de Emergencia Mujer (CEM). Desde 2015, el instituto cuenta con el módulo MAMIS, integrado por un equipo multidisciplinario de psicólogos, psiquiatras, médicos, terapeutas, trabajadores sociales y abogados, quienes brindan atención especializada a niños y adolescentes víctimas de violencia, abordando su recuperación física y emocional.
Ante esta preocupante realidad, es fundamental redoblar los esfuerzos en la prevención del maltrato infantil y garantizar el acceso a servicios de atención integral para las víctimas. Se recomienda fomentar una comunicación abierta y constante con los hijos, conocer a las personas que forman parte de su entorno, mostrar interés por su vida diaria, evitar que permanezcan solos por largos periodos o con adultos desconocidos, hablar abiertamente sobre el abuso sexual y acompañarlos y supervisar los lugares que frecuentan. La protección de la infancia es una responsabilidad de todos y requiere un compromiso colectivo para construir una sociedad más justa y segura para nuestros niños y niñas.











