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Colombia lidera conferencia global por era postfósil

Colombia lidera conferencia global por era postfósil
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Colombia acoge una conferencia clave para redefinir el futuro energético global, un evento que ha ganado relevancia en un contexto geopolítico marcado por las tensiones en Medio Oriente y una creciente demanda de soberanía energética. La iniciativa, co-organizada con los Países Bajos y que se celebra en Santa Marta del 24 al 29 de abril, busca establecer una hoja de ruta para la transición hacia una era postfósil, reuniendo a políticos, empresarios y representantes de la sociedad civil de más de 50 países.

La propuesta colombiana, presentada inicialmente en la COP28 en Belém, Brasil, el año pasado, pasó desapercibida en medio de protestas indígenas y bloqueos a la agenda climática por parte de naciones petroleras. Sin embargo, los recientes ataques a Irán y las consiguientes disrupciones en la cadena de suministro de petróleo han puesto de manifiesto la vulnerabilidad de la dependencia de los combustibles fósiles, impulsando el interés en esta conferencia alternativa.

Entre los países participantes se encuentran Alemania, Nigeria, Brasil, Dinamarca, Filipinas, Francia, Islas Marshall, Italia, México, Canadá, Reino Unido, Noruega y Australia. Significativamente, la conferencia no ha invitado a países que niegan el cambio climático o carecen de voluntad política para alejarse de las energías fósiles. Aunque ni Estados Unidos ni China estarán presentes a nivel gubernamental, la coalición America is all in , que representa el 75% del PIB estadounidense, enviará representantes, demostrando un compromiso significativo por parte de sectores clave de la economía norteamericana.

Expertos consultados por DW señalan que el momento es propicio para un avance en la reducción de la dependencia de los combustibles fósiles, aunque reconocen que el camino será complejo. Pablo Bertinat, académico argentino y miembro del Pacto Ecosocial e Intercultural del Sur, expresa su esperanza de que la conferencia revitalice el debate sobre la reducción de las energías fósiles en la matriz energética mundial, reconociendo que esta iniciativa surge de años de trabajo académico y luchas sociales contra prácticas extractivas dañinas.

Sin embargo, Bertinat también manifiesta sentimientos encontrados debido a las diferencias de intereses entre el Norte y el Sur global. Señala que, mientras que en los círculos académicos del Norte se debate sobre la financierización y la economía verde, estas soluciones son percibidas como falsas por el Sur, que teme que perpetúen relaciones de dependencia y colonialismo.

Las divisiones también son evidentes dentro de América Latina. Tatiana Roa Avendaño, investigadora colombiana de la organización ambiental Censat Agua Viva, destaca que no existe una posición homogénea, ya que algunos países, como Brasil, consideran que las energías fósiles son necesarias para financiar la transición, mientras que otros, como las islas del Caribe, sufren directamente las consecuencias del modelo actual.

Daniela Durán, una de las negociadoras colombianas, enfatiza la necesidad de construir puentes entre estas diferentes perspectivas, instando a todos los participantes a presentar sus soluciones para lograr un enfoque inclusivo y efectivo. Destaca que el objetivo de la conferencia no es solo diagnosticar el problema, sino avanzar hacia la implementación de soluciones concretas, y que ya se han recibido más de 600 propuestas que se sistematizarán en un documento para fomentar el intercambio de conocimientos.

La conferencia se estructura en torno a tres áreas temáticas principales: multilateralismo y cooperación internacional, transformación de la matriz energética y justicia energética y un modelo económico postfósil. En el ámbito del multilateralismo, se discutirá la posibilidad de impulsar un tratado de no proliferación de combustibles fósiles, una propuesta que ya cuenta con el apoyo de 17 países y que busca establecer límites a la extracción de petróleo, gas y carbón.

En cuanto a la transformación de la matriz energética, se abordarán temas como los subsidios a los combustibles fósiles y la necesidad de promover fuentes de energía renovables. Finalmente, el bloque de justicia energética se centrará en la necesidad de repensar un modelo económico construido en torno al petróleo, evitando un nuevo colonialismo extractivista que simplemente reemplace los combustibles fósiles con otras materias primas.

Roa Avendaño subraya que este último punto es el más desafiante, ya que implica una transformación cultural profunda. Vivimos en un mundo construido alrededor del petróleo, en una civilización petrolera , afirma, advirtiendo que la transición no puede limitarse a un simple cambio de combustibles fósiles a renovables.

Para Roa Avendaño, el éxito de la conferencia se mediría por avances en la reducción de los subsidios a las energías fósiles, la reducción del endeudamiento de los países en desarrollo y la creación de una nueva arquitectura financiera. Además, considera que sería un logro político significativo consolidar una coalición con capacidad real de influir en futuras negociaciones climáticas.

Durán se muestra optimista al respecto, señalando que la conferencia reunirá a países que representan aproximadamente un tercio del consumo mundial de combustibles fósiles, así como a importantes proveedores como Nigeria, México y Brasil. Esto pesa en la cadena de suministro, es una palanca que ojalá podamos usar , afirma.

Sin embargo, Bertinat se muestra escéptico, señalando que en muchos de estos países, incluyendo Colombia, las empresas petroleras son estatales y la salida de la producción y exploración del petróleo tendría consecuencias directas para las finanzas públicas. Propone una transformación de la cultura empresarial, pasando de una lógica de mercado capitalista a una lógica de servicio público y derechos.

A pesar de su escepticismo, Bertinat reconoce los impulsos positivos, especialmente en el sector no gubernamental, donde se están formando redes amplias con la participación de sindicatos y movimientos contra la deuda.

Enfatiza que la transición hacia una era postfósil no será un problema meramente tecnológico, sino también social, político y ambiental, y que no habrá soluciones únicas ni varitas mágicas. Las alternativas al gas y al petróleo, subraya, deben ser locales, adaptadas a las necesidades y características de cada lugar. Un reto complejo, pero también fascinante, que Colombia ha puesto en el centro del debate global.

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