Israel lanzó una ofensiva de gran escala contra Hezbolá en las horas previas al inicio de una tregua de diez días, atacando aproximadamente 300 objetivos en el sur del Líbano y neutralizando a más de 150 combatientes del grupo chií. La operación, según el Ejército de Defensa de Israel (IDF), buscó debilitar la capacidad operativa de la milicia antes del cese de hostilidades.
Los ataques se centraron en infraestructura crítica, incluyendo plataformas de lanzamiento de misiles, depósitos de armamento y centros de comando y control. El IDF busca asegurar una ventaja táctica en la zona fronteriza, donde la tensión ha sido alta en las últimas semanas debido a bombardeos y enfrentamientos terrestres.
Entre las bajas confirmadas se encuentra Ali Rida Abbas, comandante de Hezbolá en el área de Bint Jbeil, una localidad estratégica en el sur libanés. La inteligencia militar israelí lo identificó como responsable de coordinar ataques contra Israel y de la logística de defensa en la región.
El acuerdo de alto el fuego fue anunciado por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, tras conversaciones con los líderes de ambas naciones. Trump elogió a Israel como un "gran aliado" y un baluarte de la estabilidad en Medio Oriente.
A pesar de la tregua, la situación en la región sigue siendo frágil. Las autoridades israelíes advierten que cualquier movimiento hostil será respondido de inmediato, manteniendo la vigilancia en la frontera en niveles de alerta máxima. Israel había avanzado en su presencia terrestre, estando cerca de tomar el control total de Bint Jbeil.
Esta ofensiva se suma a una campaña que, desde marzo, ha sacado de combate a miles de combatientes de Hezbolá. La comunidad internacional observa si esta pausa servirá para una solución diplomática o si es solo una reorganización de fuerzas antes de una posible reanudación del conflicto.
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