La migraña, una enfermedad neurológica que afecta a millones de personas en todo el mundo, a menudo permanece subdiagnosticada. Muchos conviven durante años con síntomas compatibles sin recibir un diagnóstico preciso, atribuyendo el dolor a causas comunes o tratándolo únicamente con analgésicos.
Según la Dra. Natalia Larripa, neuróloga, el diagnóstico se basa en la historia clínica del paciente y características específicas del dolor y síntomas asociados. Existen autotestes de orientación, disponibles en www.aliasmigraña.com, que pueden ayudar a identificar señales de alerta, aunque no reemplazan la evaluación médica. Estos test se basan en criterios clínicos internacionales como el ICHD-3 y cuestionarios validados como el ID-Migraine.
El impacto funcional de la migraña es un indicador clave. Cuando el dolor obliga a suspender actividades, cancelar compromisos o ausentarse del trabajo o estudio, es crucial buscar atención médica. La Dra. Larripa enfatiza la necesidad de un tratamiento específico para las crisis agudas y, en muchos casos, un tratamiento preventivo.
La migraña se caracteriza por ataques recurrentes de dolor de cabeza que pueden durar horas o días, a menudo acompañados de síntomas como alteraciones visuales, sensoriales o del lenguaje (aura). La Dra. Fiorella Martín Bertuzzi, Presidenta de la Asociación Migraña y Cefaleas Argentina (AMYCA), advierte sobre la tendencia a convivir con el dolor o automedicarse, resaltando la importancia de consultar a un neurólogo para diferenciar los tipos de dolor de cabeza, identificar factores desencadenantes y personalizar el tratamiento.
Hoy en día, existen diversas estrategias terapéuticas, incluyendo cambios en la alimentación, rutinas de sueño y medicamentos para episodios agudos y terapias preventivas. Un diagnóstico adecuado permite acceder a tratamientos que reducen la frecuencia de los ataques y mejoran la calidad de vida.
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