A los 10 años, Alejandro Belmar ya ha vencido dos tipos de cáncer, pero hoy enfrenta una batalla que podría ser la más difícil de todas. Diagnosticado con leucemia a los 7 años y tras un trasplante de médula ósea, Alejandro superó también un linfoma no Hodgkin. Sin embargo, desarrolló Enfermedad de Injerto Contra Huésped crónica esclerodermiforme, una grave afección postrasplante que ataca la piel y diversas zonas del cuerpo y que, sin el tratamiento adecuado, puede ser mortal.
La situación se ha vuelto crítica. Un comité médico del Hospital Luis Calvo Mackenna determinó que su cuadro es "refractario", lo que significa que su organismo ya no responde a los tratamientos disponibles en Chile. La única esperanza reside ahora en dos medicamentos con respaldo internacional: axatilimab y belumosudil. El problema es que no están disponibles en el país y su costo es prohibitivo, oscilando entre los 90 y 240 millones de pesos anuales.
Su madre, Claudia Valdivia, ha agotado las instancias. Ha enviado misivas y correos al Ministerio de Salud solicitando apoyo, pero aún no recibe respuesta de la ministra. "No estoy pidiendo algo por comodidad. Estoy pidiendo una posibilidad para mi hijo", afirma Claudia, quien organiza rifas, bingos y evalúa incluso vender su propia casa para salvar a Alejandro.
En esta lucha la acompaña su hermano mayor, Ignacio, quien describe a Alejandro como un niño noble y lleno de sueños, exigiendo justicia médica para su condición. El caso de Alejandro visibiliza una realidad dolorosa: la de niños oncológicos que sobreviven al cáncer, pero quedan expuestos a complicaciones graves donde la posibilidad de seguir viviendo depende de sumas de dinero impagables.
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