El Instituto Nacional de Enfermedades Neoplásicas (INEN) del Ministerio de Salud (Minsa) ha emitido una advertencia sobre el aumento de casos de cáncer de garganta en personas jóvenes, destacando un cambio significativo en el perfil epidemiológico de la enfermedad. Síntomas como dolor al tragar, dificultad para deglutir y la inflamación persistente de ganglios en el cuello deben ser tomados en serio, incluso en individuos sin antecedentes de tabaquismo o consumo de alcohol.
Tradicionalmente asociado a hábitos como fumar y beber, el cáncer de garganta está experimentando una transformación en sus causas, con el Virus del Papiloma Humano (VPH) emergiendo como el factor causal predominante. Según el doctor Christian Loayza, cirujano oncólogo del Departamento de Cirugía de Cabeza y Cuello del INEN, actualmente el 70% de los diagnósticos de cáncer de garganta están relacionados con la infección por VPH, mientras que el tabaco y el alcohol contribuyen solo al 30% restante.
Este cambio epidemiológico implica que la enfermedad se está manifestando en una población más joven, sin la exposición previa a los factores de riesgo clásicos. El INEN enfatiza que la detección temprana es crucial, ya que los síntomas pueden aparecer incluso en personas que nunca han fumado ni consumido alcohol. El error más común hoy es pensar: no fuma, no toma, entonces no puede ser cáncer . Eso ya no es cierto , explicó Loayza. La mayoría de los diagnósticos actuales se realizan en personas menores de 60 años, muchas de las cuales no presentan antecedentes de riesgo habituales.
El cáncer orofaríngeo, la forma más común de cáncer de garganta, afecta áreas como las amígdalas, la base de la lengua y el paladar blando, regiones donde el VPH encuentra un entorno propicio para el desarrollo tumoral. El protagonismo del VPH, especialmente del subtipo 16, como agente causal del cáncer de garganta marca una transformación epidemiológica y presenta nuevos desafíos clínicos. Hace quince años, el tabaco era el principal factor de riesgo, pero ahora la mayoría de los casos están relacionados con el VPH.
La conexión entre el VPH y el cáncer de garganta es similar a la que existe con el cáncer de cuello uterino, ya que ambos están vinculados a subtipos de alto riesgo del virus. La infección por VPH es muy común, afectando hasta al 90% de las personas sexualmente activas en algún momento de sus vidas, aunque solo ciertos subtipos pueden inducir procesos tumorales.
Para confirmar el diagnóstico, se requiere un protocolo que incluye un examen médico exhaustivo, endoscopia, biopsia y pruebas específicas, como la detección del marcador P16, que indica la implicancia del VPH en el desarrollo del tumor.
La prevención es fundamental, y la herramienta más eficaz para reducir la incidencia de cáncer de garganta vinculado al VPH es la vacunación. El Minsa ha destacado que la vacuna contra el VPH está disponible de forma gratuita para niños y niñas de nueve a 18 años, administrada en una sola dosis. El doctor Loayza enfatizó que la prevención depende tanto de la iniciativa individual como de las estrategias de salud pública orientadas a la inmunización precoz.
Además de la vacunación, es crucial no ignorar los síntomas sospechosos y acudir al centro de salud más cercano para una evaluación médica oportuna y para iniciar o completar el esquema de vacunación contra el VPH. Los síntomas que deben motivar una consulta médica incluyen dolor persistente al tragar, sensación de cuerpo extraño o atragantamiento, e inflamación de ganglios que no desaparece con el tiempo.
Según el HPV Information Centre, aunque el cáncer de garganta es poco frecuente en términos absolutos, los hombres tienen una incidencia tres veces mayor que las mujeres. Sin embargo, el perfil de las personas afectadas ha cambiado en ambos sexos, con la mayoría de los casos recientes diagnosticados en pacientes jóvenes sin antecedentes de tabaquismo o consumo de alcohol, en contraste con el patrón observado hace dos décadas.
El cáncer orofaríngeo comparte su origen con el cáncer de cuello uterino debido a la vinculación con el VPH de alto riesgo, lo que ha llevado a ajustar tanto los criterios de sospecha clínica como las herramientas diagnósticas. La detección requiere endoscopia, biomarcadores, evaluación anatomopatológica y pruebas específicas para determinar la implicancia del virus.
La transformación en los factores de riesgo exige una reevaluación de los criterios tradicionales por parte de los profesionales de la salud y del público en general, así como la difusión de información sobre los síntomas de alerta, las vías de diagnóstico y la importancia de la prevención a través de la vacunación. El INEN insta a la población a estar atenta a estos cambios y a buscar atención médica ante la aparición de cualquier síntoma sospechoso, independientemente de la edad o los hábitos de vida. La detección temprana y la prevención son las claves para combatir esta enfermedad en evolución.











